Aprender a escuchar

Aprender a escuchar
Siempre me ha parecido muy provechoso aprender de todo si bien, cuando uno es un inconstante crónico, afronta esa tarea a la pata la llana y acaba adquiriendo una sabiduría  que le permite acertar un razonable porcentaje de las preguntas que se formulan en “Saber y ganar” y es capaz de resolver el crucigrama de “El País. Hace muchos años, se me ocurrió preguntarme a mí mismo qué encontraba de irresistible mi admirado George Harrison en la música hindú y ni corto ni perezoso, me quedé en calzoncillos, encendí un pebetero lleno de sustancias aromáticas y de las otras, y me entregué a la audición en penumbra de un doble LP de Ravi Shankar, experiencia a la que conseguí sobrevivir a duras penas si bien sospecho que el ejercicio me dejó ligeramente majareta para el resto de mis días porque yo mismo reconozco que no me he podido recuperar por entero.
Esa misma estrategia he mantenido nada saber que la triunfadora del programa Operación Triunfo conocida como Amaia, ha editado su primer disco de larga duración, un trabajo que le ha proporcionado muchos más coscorrones que sonrisas. Amaia Romero participó en Eurovisión 2017 formando dúo con su pareja de entonces, un joven catalán cortito de luces y de sonrisa floja. Fracasó junto a él en el certamen televisivo gracias a la canción que les obligó a interpretar la todopoderosa empresa gestora del concurso de voces noveles, y rompió a continuación la relación cambiando al melifluo catalán por un tío más aguerrido, el líder de una banda llamada “Carolina Durante” con el que tampoco continúa, según las informaciones facilitadas ayer mismo por la noche.
Como quiera que el mejor modo de entender por qué a Amaia le han llovido los mandobles me he sentado en soledad y me he escuchado el disco tratando además de desentrañar qué se le pasa por la cabeza a una jovencita de Pamplona de apenas veinte años para coronar la grabación de un disco con diez canciones, enteramente compuesto por ella misma doblándose la voz y tocando además en él algunas partes de guitarra y otras de piano. El resultado es el que es y no creo que un abuelo como yo deba emitir explicaciones. Simplemente ahora tengo toda la información para juzgar. Pero no lo haré. Eso sí, Gestmusic deja de manipular y monopolizar nuestra participación en Eurovisión. Algo es algo.