Algo bueno debería tener

Algo bueno debería tener

Cumplir años es un fastidio y hacerse viejo es una verdadera mierda por mucho que se pretenda disfrazar el fenómeno y se acuñen tópicos tan absurdos como ese que dice que la edad es tan solo una cifra en el DNI y que uno es joven de cuerpo si tiene joven el alma. Tonterías.
Pero alguna verdad debería esconderse entre los pliegues de tal sarta de ambigüedades y de mentiras, y una es sin duda la posibilidad de disfrutar de tiempo libre. Cuando se está en edad de competir y uno se pasa cada jornada trabajando para cumplir objetivos, no es dueño de su tiempo y no tiene más remedio que plegarse a un calendario exigente y preestablecido que obliga a dedicarse a ello ocho días a la semana como dijo aquel taxista que inspiró a Lennon y a McCartney una de sus canciones más atractivas. Otra de las verdades no discutibles es el avance considerable en materia de experiencia y sabiduría aunque sea sabiduría parda y sin la menos base científica. Ambos argumentos se funden en un concepto único a la hora de plantearse la planificación de cada unidad de vida. Como los viejos tenemos mucho más tiempo para invertirlo en nosotros mismos, solemos disfrutarlo mucho más y con menos esfuerzo. Y como somos sabios,  tenemos mayor habilidad para elegir las cosas que producen mayor disfrute sin necesidad de dejarnos la piel y los huesos en las noches caníbales.  Por eso, obtenemos un gran rendimiento en la práctica de las artes de la cocina, en la audición pausada y selecta de música, o en la contemplación de serie televisivas –algunas de ellas entre las que yo incorporaría muchas de producción nacional, realmente buenísimas- componiendo todas estas ofertas un ramillete de posibilidades que reportan un abanico  interminable de dorados beneficios, no todo va a ser padecer el inexorable y corrosivo efecto de la decrepitud paulatina.
Todas estas reflexiones se encaminan abiertamente a recomendarles que se fijen en productos televisivos que merecen la pena, como me pasa a mí que acostumbro a verme en una tarde una temporada entera, un sistema que ofrece mucho aprovechamiento y es la mar de entretenido. Si además sirve para divagar sobre el sentido metafísico de la existencia, mejor que mejor.