Opinión

Suicidas con causa

Dimitris Christulas, el griego de 77 años acosado por los acreedores que se pegó un tiro el miércoles frente al Parlamento en Atenas, ha provocado otro maremoto contra los ajustes económicos impuestos en su país para pagar sus históricas corrupción, despilfarro y deudas acumuladas, pese a que los bancos perdonaron la mitad de su importe.

Chistulas dejó una nota pidiendo el levantamiento en armas contra el Gobierno de concentración de Lukas Papademos, lo que lo señala, siendo propietario de la pistola con la que se suicidó, como un tipo poco inofensivo.

Muchos de los que lo conocían lo tenían por un radical desequilibrado, no por el héroe que quieren presentar parte de la izquierda y los antisistema.

Los que son menos radicales son los suicidas españoles, que casi nunca denuncian la causa que los lleva a su final, aunque muchos tendrán iguales motivos que Chistulas, especialmente después de que los años de optimismo patológico zapaterista concluyeran en catástrofe.

El suicidio se ha convertido en la principal causa de muerte no natural en España, y en los últimos años la tasa media de seis inmolaciones por 100.000 habitantes ha subido hasta casi ocho, que es un 25 por ciento más.

Los últimos datos del INE, Instituto Nacional de Estadísticas, indican que en 2010 se produjeron en España 3.145 suicidios.

Llama la atención que, siendo una población viva equilibrada, 2.456 fueran de hombres y 689 de mujeres.

Las organizaciones de separados afirman que esta diferencia se debe en buena parte a que las leyes sexistas impuestas por el feminismo radical sojuzgan brutalmente al varón, lo asfixian económica y socialmente, y le impiden relacionarse con su hijos.

Deberíamos conocer la relación estadística entre los suicidios y la desesperación de los separados y los desempleados.

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