Opinión

SUERO DE LA VERDAD

El caso de Marta del Castillo, con su asesino Carcaño condenado a veinte años, sus cómplices exonerados, y todos negándose a revelar dónde arrojaron su cadáver, hace defender la aplicación de algún método no doloroso para extraerles una información que dignificaría la Justicia, atenuaría la desesperación de la familia y sujetaría la ira social.


Igual ocurre con José Bretón, el padre de los dos niños desaparecidos el 8 de octubre bajo su custodia en Córdoba. Imaginemos que mientras la policía lo interrogaba inútilmente, los tuviera donde nadie los cuidara y que hubieran muerto lentamente de inanición.


O el caso de un terrorista detenido que ha puesto una bomba terrible no se sabe dónde, y que no hay forma de extraerle esa información vital, quizás, para decenas o millares de personas.


Desde los albores de la humanidad hasta la aplicación de los Derechos Humanos se atormentaba hasta quebrar a quienes se consideraba hostiles.


En EE.UU., y aunque finalmente se condenaron recientemente por inhumanas, se toleraron en Guantánamo torturas a los acusados de tener información sobre terrorismo islámico. Con esos métodos se evitaron algunos atentados, según los interrogadores-torturadores.


En la España franquista se utilizó asiduamente la tortura política, razón por la que la Constitución y las leyes crearon enormemente garantistas: ni siquiera se permite que un violador reincidente sea castrado química y temporalmente, aunque él lo demande.


Por igual razón, el 'Principio de Humanidad', se prohíbe el uso del Suero de la Verdad (amital, pentotal y scopolamina, entre otros) para extraerle información a los Carcaño o Bretón.


Son medicamentos sin serios efectos secundarios y que, controlados legalmente por forenses y jueces, en numerosas ocasiones -no todas- ayudarían a obtener pruebas que conducirían a la verdadera Justicia.


¿Defiende o rechaza usted estos medios?

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