Opinión

LA ROJA

Lo mismo que el legionario dice en su himno que es el novio de la muerte, La Roja fue creada como novia del autoproclamado rojo Zapatero por la izquierda mediática para halagarlo, rebautizando así a la Selección Nacional de Fútbol que al final ganaría el Campeonato de Europa de 2008.


Aunque entonces no prendió el apelativo, se insistió en él hasta hacerlo obsesivo en el Mundial de Suráfrica, en 2010, a través de Cuatro Televisión, la SER y El País, de PRISA, y del diario Público, del rojo catalanista Jaume Roures.


La muda de piel limpiaba, además, las adherencias del pasado, paradójicamente también republicano, que resaltaba lo de Selección Nacional.


Se trataba de servir asimismo al nacionalismo catalán para el que lo Nacional es sólo lo catalán, desde los museos o teatros hasta la Agencia de Meteorología, convertida por Zapatero en Estatal para que Cataluña tenga su Nacional.


El uso de Selección Nacional ha desaparecido casi del lenguaje informativo, y se dice La Roja pretendiendo que carece de origen ideológico y que solamente alude a la camiseta de su equipación principal.


Pero a muchos ciudadanos les chirría el apelativo, no sólo por el simbolismo zapaterista y por representar una de las dos Españas políticas, sino porque no quieren uso político de lo que debería ser Selección de todos, rojo o azul, sociata o pepero (RAE).


Cuando varios de los mejores jugadores son catalanes y vascos, que defienden la Selección con el ardor de los de cualquier otra región, mucha gente echa de menos que se les muestre a los nacionalistas periféricos que España es la Nación superior.


Una Nación que une a regiones ricas y pobres, y cuyos éxitos y fracasos, que también vendrán, son los de todos y no del color de media España.

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