Opinión

MALVINAS

Soplan ventarrones nacionalistas en Argentina impulsados por el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, que exige que el Reino Unido le entregue las islas Malvinas, invadidas en febrero de 1982 por la dictadura militar de su país, lo que concluyó en derrota y caída de aquél régimen fascista.


Hace treinta años que estos días morían 649 argentinos y 258 británicos en la guerra de las que estos llaman Falkland, archipiélago de 776 pequeñas islas, con dos más grandes habitadas por unas 3.000 personas.


El punto más cercano de Argentina está a 464 kilómetros y de la Gran Bretaña a 12.400, distancia esta que cubrió la Armada británica en seis semanas para derrotar y rendir a los argentinos.


Para Argentina este caso es similar al español con Gibraltar, pero argentinos y españoles deben recordar que las poblaciones de ambos territorios quieren mantenerse bajo bandera británica.


A pesar de que cedió el Peñón en 1713 en el Tratado de Utrech, España tiene el apoyo del comité de descolonización de la ONU, algo que le falta a Argentina, cuya invasión fue condenada en la Resolución 502 del Consejo de Seguridad.


Se puede simpatizar con las demandas argentinas y españolas, pero también deben comprenderse las razones de los habitantes de ambos territorios.


Tiemblan al pensar en los regímenes militares argentinos, histéricamente nacionalistas: 1930-1932; 1943-1946; 1955-1958; 1962-1963; 1966-1973; 1976-1983. Tampoco olvidan el pasado español: 1923-1930; 1939-1975.


Probablemente tendrán que pasar muchas décadas, enriquecerse más Argentina y España que el Reino Unido, o que ese país caiga en una dictadura, para que los británicos de las Malvinas o de Gibraltar quieran cambiar de nacionalidad.


Entre tanto, dejémoslos en paz, porque cuanto más se les hostigue menos querrán cambiar de pasaporte: los derechos de las personas, antes que los de los territorios.

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