Opinión

Hispanoárabes en guerra

Un jihadista español que era taxista en Ceuta, Rachid Wahbi, de 32 años, acaba de morir en Siria en un combate contra las fuerzas del dictador Bashar El-Assad, lo que obliga a las instituciones españolas a hacerse cargo de su viuda y sus dos hijos.

Aunque España no tiene intereses en la guerra siria, el fanatismo religioso ha llevado a varios nacionalizados como Wahbi a combatir como contra el nusayrismo chiíta de El-Assad, conocido como alauísmo, menos intolerante que el salafismo sunita del español.

Por un lado está lo que podríamos comparar con el franquismo de su primera década, con notable poder eclesiástico pero no absoluto, que sería el régimen de El-Assad, y por el otro, una barbarie mucho más fanática y expansionista impuesta por salafistas, o puristas religiosos.

Son tan radicales que el Ejército Sirio Libre (ESL), con el que combaten hispanoárabes como Wahbi, se niega a estrechar la mano de las periodistas, a las que obliga a ponerse velos, y a las que rechazan, aunque sus portavoces traten de disimularlo.

Pero ellas no hacen hincapié en esta conducta ya vivida con la revolución iraní y el terrible ayatolá Jomeini, sólo denunciada por Oriana Fallaci.

Como si hubiera orden de ocultarla, obedecen la consigna de atacar solamente al régimen de El-Assad. Así justifican a quien es más malvado aún, y cuyos atentados hacen creer que han sido preparados por sus enemigos.

Entre tanto, la web de inteligencia elespíadigital.com, recoge informes de la agencia iraní Fars según los cuales el ESL posee armas químicas facilitadas por los rebeldes libios que derrocaron a Gadafi.

Y esto ocurre a la vez que los salafistas amenazan al actual régimen islamista presuntamente moderado de Túnez, y avanzan en Egipto reclamando una nueva guerra contra Israel.

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