Opinión

EL ÚLTIMO REY MEDIEVAL

A la Casa Real, como al perro flaco, todo se le vuelven pulgas. Hay un ataque mediático contra la Corona que, directa o indirectamente, ella propicia. Los yernos del rey abrieron la caja de Pandora y al mismísimo monarca se le acabó el privilegio de inmunidad a la crítica, destapando el velo de la impunidad a sus correrías orgiásticas borbónicas.


Su afición a la caza viene de antiguo. Una costumbre arraigada de sus ancestros que siempre se dedicaron con fruición a la persecución de elefantes y zorras. Nuestro Juan Carlos no podía ser menos. Responde al prototipo de rey que se casa por un sentido de Estado y no por amor. Luego se le permiten estas licencias.


En cualquier caso se puede entender como un nuevo servicio a los españoles, al convertirse en un estímulo para octogenarios a los que, a veces, se trata como a seres asexuados, queriéndoles relegar a simples cuidadores de sus nietos, como si ya por su edad hubieran perdido el derecho al ejercicio del arte cinegético, aunque éste sólo consista en la persecución de gacelas, pues el sexo es vida y es arte a cualquier edad. Puede que evolucione, por la bajada de testosterona, pero no se extingue hasta la muerte.


Como afirman los andrólogos Palacios y Ruiz-Castañer, en ambos sexos el estado de salud, la calidad de la vida sexual previa, la comunicación con la pareja y la disponibilidad de intimidad influyen más que la edad en la satisfacción de los mayores.


Así, según diferentes estudios, los mayores de 65 años dicen tener una vida sexual placentera, aunque algunos sólo tengan una media de cuatro contactos al mes, incluso hay quienes, por falta de pareja, se masturban con 90 años.


Don Juan Carlos quizá sea el último rey europeo que conserva este estilo de monarca medieval, pero que sabe hacer coexistir con la cercanía al pueblo y el sometimiento a la Constitución, dentro de una monarquía parlamentaria.


Te puede interesar