Opinión

LA PURGA DE CARLOS PRÍNCIPE

Desde su más tierna infancia, Carlos Alberto González Príncipe se supo rojero. Llevaba en su ADN el cromosoma de guerrillero de pura raza, defensor de cualquier causa por la libertad.


En su juventud militó en las organizaciones clandestinas más radicales contra el sistema franquista, jugándose la represión y el talego como colofón. Sin duda fue un luchador infatigable y sin fisuras por la democracia.


Luego, desde la transición, fue evolucionando hacia una izquierda real y posibilista, abrazando el socialismo como su señal de identidad. Eso sí, sin perder un ápice de su dinamismo y entusiasmo juvenil. Su currículum está jalonado de servicios al partido.


Fue alcalde de esta ciudad y tiene la experiencia y el conocimiento para influir en la política local, haciendo la crítica pertinente cuando detecta los fallos que hay que enderezar, siempre pensando en el bien de Vigo.


Su personalidad vehemente y su amor por la ciudad le hacen oponerse al actual regidor, del mismo partido. Tal vez porque primero es vigués de pura cepa y después socialista, aunque en él, posiblemente, los dos aspectos estén tan ligados que no exista entre ellos un orden prioritario.


Carlos es polémico, tiene las ideas claras y lucha por ellas, exigiendo transparencia en la gestión. Ahora, el alcalde 'peronista' se la tiene jurada por haberse convertido en su Pepito Grillo, un grano en el culo, una obsesión?Y le denuncia por la presentación de un libro del PP en el que se defiende la Ley de Área Metropolitana. Cómo no, si fue él su principal impulsor, siendo alcalde. Eso se llama coherencia, algo que le falta a Abel Caballero.

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