Opinión

Maddie vive

Esa es la esperanza que trasmiten los investigadores de Scotland Yard, tras la revisión del caso de la niña británica desaparecida en misteriosas circunstancias en Portugal, hace cinco años, que se reabre con la publicación de una foto robot de Maddie con el que sería su aspecto actual, debido a la “aparición de nuevas pistas”. El caso se abre y se cierra como la concha de un galápago, en función de las influencias de los padres y el dinero de los, al parecer, altruistas patrocinadores para que el hecho no pase al olvido.

Pocos casos han tenido tal difusión informativa y tal número de especialistas públicos y privados dedicados a encontrar a Madeleine McCann durante tanto tiempo y en todos los continentes, como éste. Los ingleses no quieren que el suceso se cierre en falso, como les pasó, para oprobio de los bobbies con el tristemente célebre Jack el Destripador.

La cuestión aquí está entre si este misterio será más parecido al del monstruo del lago Ness o al del citado asesino.

Para este cronista, la verdad está más cerca de la tesis del inspector luso Gonçalo Amaral que la del secuestro, que mantienen sus padres, pero mientras no se demuestre lo contrario y se pruebe que se trata de un homicidio por imprudencia de alguno o ambos de los padres, que luego hicieran desaparecer el cadáver, la investigación debe seguir bajo la posibilidad del secuestro Eso sí, sin descartar otras vías.

En cualquier caso, el pronóstico de los especialistas no aporta nada nuevo: “Existen dos posibilidades. Una de ellas es que aún esté viva, y la segunda que esté tristemente muerta”. Para llegar a esa conclusión no hacía falta darle tanto bombo a la revisión del caso.

Ahora, para su mayor ridículo, sólo hace falta que lleguen a la conclusión de que pudo ser secuestrada o murió por alguna imprudencia de los señores McCann.

Desde el punto de vista criminológico, cabe recordar aquel axioma de “el tiempo que pasa es la verdad que huye”. A pesar de todas las dificultades, esto lo hubiera resuelto Hércules Poirot el personaje protagonista de las novelas de la mejor escritora de la novela policiaca inglesa, Agatha Christie.

Lo dicho, para mí esto es como el caso del monstruo del Lago Ness, que aparece y desaparece ocasionalmente, pero nadie encuentra. Y sigamos especulando con el drama como si se tratase de otro de esos tenebrosos misterios sucedidos al amparo de la bruma del Támesis, que tanto gustan a los londinenses.

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