Opinión

LUTO EN PARADANTA

Sucedió hace poco, y con ésta ya contabilizábamos otra víctima de lo que se ha dado en llamar 'violencia de género', cuando lo correcto sería 'violencia en el ámbito familiar', pues para la calificación de esta infracción penal (que convierte la falta en delito, y en todo caso tiene una pena agravada) no basta con que el sujeto pasivo sea mujer, sino que se exige que exista o haya existido una relación sentimental entre el autor y la víctima, y su enjuiciamiento corresponde al Juzgado especializado de 'Violencia sobre la mujer', que los abogados, abreviando, llamados 'juzgado de violencia'


Esta vez los protagonistas de la luctuosa noticia son unos paisanos, oriundos de la comarca de Paradanta (él de A Cañiza y ella de Creciente). Ambos residían en Cataluña (ya se sabe, la diáspora en busca de empleo). Él, de 50 años trabajaba en la construcción. Ella de 32, en la limpieza. Llevaban tres años casados, si bien venían de otros matrimonios anteriores. Para ella era su segundo matrimonio, del que tuvo dos hijos, y para él el tercero, y tenía un hijo que vivía con ellos. A su vez, tenían una hija en común de dos años.


Habían roto la relación hacía mes y medio y estaban en trámites para divorciarse. Ella se había ido a vivir con una amiga (se supone que se llevaría a su hija) y él se había quedado en la casa (se supone que con su hijo). La madre de ella relata que en conferencia telefónica su hija le dijo que las relaciones son su marido eran malas. Otros testigos dicen que no se explican el suceso, pues él era 'cariñoso'. Claro que esto último lo manifiestan los más cercanos a la familia de él. En cualquier caso, suele ser frecuente que los testigos muestren extrañeza ante estos desenlaces, ya que la pareja no suele exteriorizar sus diferencias, salvo que se trate de familias desestructuradas, como se les llama ahora.


Al parecer, no había problemas económicos y tampoco se conocen episodios anteriores de violencia. En cualquier caso, las cosas no deberían ir bien, pues pretendían divorciarse y este es el momento de verdadero peligro para la mujer, en que por su seguridad debe cortar de raíz toda relación y no volver a entrevistarse con él si no es en presencia de terceras personas.


Aquí faltó esa previsión, ella accedió a entrevistarse con él momentos antes de ir a firmar los papeles del divorcio y se desencadenó la tragedia. Tal vez tras una discusión previa o tal vez él lo tenía ya planeado, la estranguló.


Tal vez ella pensó que si ya se había separado en dos ocasiones anteriores sin muerte de por medio, esta no iba a ser una cuestión distinta y ello fue lo que le dio la confianza suficiente para acceder a la fatal entrevista. Pero tal vez debió preocuparse de cómo fueron sus relaciones con sus anteriores mujeres, al fin de la misma comarca. Ahora esa misión le corresponderá a la Policía.


En cuanto al móvil, y aún a riesgo de equivocarme, pues son pocos datos que hasta ahora han transcendido, pudieron ser los celos, generalmente infundados, y una enfermedad mental, no siempre diagnosticada, de 'obsesión compulsiva'. Pero no demos armas a la defensa.


También suele ser un elemento común en estos crímenes que el bandarra termine suicidándose o entregándose a las autoridades. Aquí queda por averiguar si se estampó voluntariamente contra el camión o fue un simple accidente. En cualquier caso él sobrevive y a lo mejor lo cuenta. Ella sólo podrá hacerlo a través de la autopsia, pues como se suele decir en ambientes forenses 'los muertos hablan'.

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