Opinión

Un Krahe al horno

En otra época se le llamaría blasfemo, la Iglesia ya le habría amenazado con el fuego eterno y sería estigmatizado como un endemoniado, discípulo de Belcebú. En otra época aún anterior, se las vería con los simpáticos chicos de la Santa Inquisición y seguramente harían con él una barbacoa.

Pero estamos en donde estamos y las cosas se han vuelto del revés, ahora los amenazados son los abogados del Centro Jurídico Tomás Moro, por llevar la acusación contra Javier Krae, el “intrépido” cantante (él dice que lo es, aunque más bien sea un “cantante”) que amenizó a los asistentes a una de sus soporíficas actuaciones cocinando un Cristo; al que se acusa de un delito de “ofensas a los sentimientos religiosos”; que en el peor de los casos se saldaría con una discreta multa.

Existe un grupo de individuos, entre ellos personajes de la farándula, que defienden la actitud del “cantante” como un ejercicio democrático de libertad de expresión. Claro que si hubiera tenido bemoles la gracia la podía haber hecho con Mahoma, pongamos por caso. Pero claro, es más fácil meterse con la Iglesia Católica, que entraña menos peligro.

Hace unos años las juventudes socialistas hicieron un video en el que se simulaba un acto de consagración con una hostia que se convertía en preservativo.

Estamos ante un caso más de ataques a los sentimientos religiosos de los católicos por parte de la izquierda y entre los que aplauden más enfervorecidamente estas patochadas se encuentran el “pequeño” Wyoming y el patético Santiago Segura.

Respecto al primero está claro que es el bufón de la abyecta rojería, y el segundo es el que más daño ha hecho a la policía, con su personaje “Torrente”. Si bien es cierto que es un síntoma de madurez democrática parodiar a los miembros de los poderes del Estado, sobre todo cuando se les asocia con cualquier tipo de represión, Santiago Segura ha sido el con más acidez lo ha hecho. Mientras en Francia tienen al inspector Clouseau, en Estados Unidos al teniente Frank Drebin o en Inglaterra al agente especial Maxvee Smart, todos ellos caracterizados por su incompetencia y torpeza, aquí tenemos un policía guarro, machista y corrupto. Ese es el concepto que tiene el ínclito Segura de España y de sus símbolos y representantes. Y así lo expone al mundo a través de la cinematografía, para oprobio de los españoles que se sienten como tales. ¿Qué cabe esperar de estos zafios personajes?

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