Opinión

Juegos peligrosos

Pues sí, dilecta leyente, los jóvenes han sido siempre rebeldes por naturaleza, inconformistas, adictos a la búsqueda de nuevas emociones, con las hormonas siempre hirviendo. Esta fogosidad era utilizada por los poderosos para mandarlos a pelear a las guerras, competir en el deporte de riesgo o emplearlos en duros trabajos . La “mili” también servía para descargar adrenalina, con la instrucción y las marchas nocturnas.

El servicio militar era una especie de ecuador. El paso de la adolescencia a la juventud. Al finalizar con esta prestación a la Patria, lo obligado era casarse con la novia de siempre, tener hijos y convertirse en un buen padre de familia, un trabajador ejemplar y un ciudadano respetable. Así se cumplía con el proceso de socialización estandarizado, que traía paz y sosiego a las buenas gentes.

Ahora les hemos dejado en un limbo espacial, sin sustituir los huecos dejados, y como consecuencia de este vacío entre las etapas de formación del individuo, éstas se confunden. Así, se pasa muy rápidamente de la infancia a la adolescencia y luego se estanca hasta confundirse con la edad en que se suponía tener que ser de la madurez. Tampoco se les dan muchas alternativas (fracaso escolar, paro).

Ahora los jóvenes “antibelicistas”, que supuestamente deberían ser contrarios a la violencia, se desfogan con las maquinitas matando ancianitas, o como en el último invento, del “Hammerin Harry”, matando a mazazos a todo el que se pone por delante. Una “buena” práctica para su educación. Claro que en el otro extremo están sus progenitores, practicando el Paintball (juego de guerra, sólo que su munición es la pintura). No se sabe si por infantilismo o nostalgia.

Toda generación se ha quejado de la anterior, cuyo desmarque respondía a la búsqueda de su propia identidad. Se acusa a la anterior de olvidar que ellos también fueron jóvenes, si bien su locura terminaba con la madurez, y los hippies de entonces son hoy agresivos ejecutivos, integrados en el sistema. Lo que preocupa a los educadores es que esta generación no se sabe hacia dónde camina, por otra parte, en un mundo global cada vez más competitivo y exigente.

Como consecuencia de este aburrimiento y educación recibida, se dedican a practicar la violencia gratuita, que luego cuelgan en las redes sociales. Unas veces la exteriorizan hacia otros miembros de la comunidad y otras la interiorizan con juegos tan peligrosos como el balconing, el sueño azul o el tunneling.

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