Opinión

UN HOMBRE IMPONE LA LEY

Pues sí, dilecta leyente, un alcalde impone la ley. Sucedió en Villagarcia de Arosa, 'La Perla del Atlántico', en donde el gobierno municipal del PP más un independiente, aprobaron una ordenanza restrictiva de la invasión de las aceras por una especie de bárbaros incontrolados, y en beneficio del indefenso peatón, que se ve obligado a caminar por la calzada, con el consiguiente peligro. Claro que el peligro se reparte entre combatir por el uso de la acera contra ciclistas dopados, insolentes patinadores, perros asilvestrados y demás obstáculos, incluidos los corrillos de gente desocupada y sin respeto por los demás, y el lanzarse a la aventura del toreo de vehículos en la calle, sin burladero ni estoque, ni engaño. Vamos, más o menos lo que ocurre en el paseo de Playa América todos los fines de semana, con total impunidad.


Tiene usted razón que lo normal sería que el ciudadano se sintiera ofendido por lo innecesario de esa norma que duda de la educación y el buen hacer de sus habitantes. Pero no. Protestan porque les prohíben hacer impracticables las aceras para los peatones. Y el banderín de enganche de esta insurrección la lleva la oposición.


Más bien parece que a algunos no les va el orden ni el respeto por los derechos de los demás. ¡Ah, que esas conductas no las recogía el bodrio de la Educación para la Ciudadanía! Por lo visto allí mayormente se trataba de la homosexualidad, de pornografía y de la confrontación permanente entre tirios y troyanos. Nadie les hablaba de urbanidad, de colaboración ciudadana ni de esas cosas imprescindibles para una convivencia normal entre todos.


Ellos hablan de tolerancia, cuando no de promoción del desorden Y el incivismo, y hay quienes haciendo una comparación inicua se refieren al hecho de las procesiones, como forma de invasión de las calzadas, obviando que estos actos religiosos no promueven ni la quema de contenedores ni daños en los coches, ni rotura de cristales de establecimientos, etc., que sí hacen otros en sus manifestaciones laicas.


Si tiene ocasión de leer la ordenanza verá como la oposición utiliza la tergiversación, la mentira y la acusación falsa, como llamar fascistas a los que velan por la seguridad de los peatones. Y es que como dijo el filósofo 'Algunos fían a la injuria lo que no pueden fiar a su talento'.


¡Que en pleno siglo XXI sea necesario enseñarles urbanidad a estos frikis?!


En fin, Vilagarcía, te quiero; pero perdóname que no me baje del coche, por si acaso.

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