Opinión

El gobierno de los sabios

Pues, dilecta leyente, resulta que los Mossos d`Esquadra están investigando la autoría de unas misivas dirigidas a una decena de catedráticos de la Universitat de Barcelona y remitidas a sus respectivos domicilios, en las que les amenazan con aplicarles “la mayor de las brutalidades” si no ingresan 1.000 euros por cabeza en una cuenta que figura al final de la carta “en un plazo máximo de cinco días”, advirtiéndoles de las funestas consecuencias que les acarrearían sI fuese con el soplo a la pasma.

Lo primero que llama la atención es la insignificancia (en términos de relatividad) del convoluto exigido, teniendo en cuenta que el delincuente, como cualquier empresario, toma en cuenta, antes de actuar, la relación beneficio/ riesgo, y es que con tal guita apenas saca para una buena mariscada con su locorrita, dos entradas para la ópera y una noche en el Ritz con champán incluido. (Vamos lo que se gasta un político corrupto en un viaje de representación institucional).

Lo segundo es el gran riesgo, pues aunque en el diario “El Mundo” hablan de un delito de “Extorsión”, aludiendo al texto y al artículo y deciden la pena a imponer, resulta que se equivocan en todo, pues no estamos ante un delito de extorsión, sino de “Amenazas lucrativas” agravado por hacerlo por escrito, con una pena de prisión de 1 a 5 años, si hubiere conseguido su propósito; y de 6 meses a 3 años, de no conseguirlo. Pero es que, además, este castigo habría que multiplicarlo por el número de víctimas, siempre que el total de la pena no supere el triplo del delito más grave. O sea que con mala suerte le pueden caer 15 años por la “broma”.

Al periodista se le podría perdonar si hubiera empleado el término “extorsión” en su sentido gramatical, pero no en el jurídico, en que se confundió en una diferencia de siete títulos del Código penal, pues las Amenazas Lucrativas están en el Título VI y la “Extorsión” en el título XIII. Claro que la cosa hubiera tenido más importancia si la metedura de pata fuese sobre la calificación de una jugada futbolística.

Respecto al móvil, no parece que tenga que ver con el aumento de las tasas universitarias ni tampoco en venganza por la propuesta de un “golpismo blando” que sugiere un grupo de catedráticos para que, emulando a Platón, gobiernen los más sabios, que se supone son ellos.

En fin, lo único claro es que ser cátedro no está reñido con ser cretino.

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