Opinión

UN FALSO 'PADRE'

Pues sí, dilecta leyente, este 'sucedido' me recuerda aquellas películas del Oeste, en que llegaba un forastero, de negro, con resolver al cinto, se dirigía a la iglesia y clavaba un cartel en el que se erigía en 'pastor' de aquellas vaqueras almas, sin más condicionantes.


Ángel Orellana ha venido a demostrar que el hábito hace al monje. Que basta con ponerse la sotana o el alzacuello para pasar ante los feligreses por un hombre de Dios, como les llaman algunos. Y es muy triste cuando ni de tu 'padre te puedes fiar. A partir de ahora será necesario pedirle el carné al cura antes de que te pregunte aquello de '¿Quiere a fulana por esposa? O '¿Promete serle fiel? Depende quién lo pregunte, habría que contestarle. Y ya no digamos respecto al secreto de confesión, pues el tío puede ganar el pulitzer con tanta información confidencial.


El caso es que el andoba estuvo siete años 'ejerciendo' la labor pastoral en una parroquia de Sevilla, dando, incluso, la Eucaristía sin tener el título correspondiente de la Iglesia, ni de la Federación, y no está claro si el señor obispo le llegó a lavar los pies, como es la costumbre, al menos allá por Semana Santa.


Ahora surge el dilema entre los parroquianos ¿Es válido el matrimonio celebrado por Orellana? La autoridad eclesiástica se ha apresurado a desactivar el artefacto explosivo que supondría no reconocerlo, lo que llevaría a la desconfianza hacia lo religioso, amén de las cuantiosas indemnizaciones que le podrían caer, confirmando que efectivamente, las bodas del 'padre' quedan amparadas por la madre?Iglesia.


La siguiente pregunta es si también tienen validez civil. A lo que se puede alegar que si puede casar un concejal corrupto y en estado ebrio, también se puede reconocer el celebrado por un paisano, que gozaba de todos los atributos de un sacerdote auténtico, llevado a cabo en una Iglesia y al que ésta le reconoce validez, seguramente por su culpa 'in vigilando'. Todo ello presumiendo que los contrayentes actuaran de buena fe.


Respecto a la responsabilidad penal del tal Orellana, podríamos elucubrar entre un delito continuado de intrusismo o de usurpación de funciones públicas, otro de falsificación documental, otro de delito contra la intimidad (sobre todo lo oído en confesión) y otro contra los sentimientos religiosos.


Como abogado defensor sólo admitiría un delito de intrusismo en concurso medial con la falsificación, mientras que el resto los consideraría copenados.


Veremos lo que opinan los 'corroys'.


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