Opinión

EL CARAMELAZO

Pues sí, dilecta leyente, dicen que los de Lepe nunca salen de su pueblo porque al llegar al límite se encuentran con un letrero que dice 'Huelva'.


El cachondeo de los andaluces es proverbial, y este sentido del humor es tan contagioso (recuerde lo que ocurrió en su Parlamento, hace unos años) que hasta una institución tan seria como es la Judicatura se ve afectada.


Valga como ejemplo la reciente sentencia en la que se archivó una denuncia de lesiones, causadas en una cabalgata, por un caramelazo lanzado por el rey Baltasar. En sus fundamentos se alega 'falta de jurisdicción para poder juzgarlo porque se desconoce la nacionalidad del denunciado'. Además porque 'acudir a determinados acontecimientos colectivos supone la aceptación de riesgos, excluyentes de cualquier acción penal'.


Coñas aparte, claro que un caramelo arrojado con fuerza por una persona adulta puede resultar objeto contundente y por ello peligroso. Máxime si te da en un ojo, pongamos por caso.


Con el mismo tono jocoso, cabría recurrir la sentencia por 'desconocimiento de la identidad del denunciado', ya que el mismo denunciado se ha hecho popular saliendo en los medios de comunicación celebrando su absolución, el cual resultó un ciudadano morenito como el carbón que se dedica a la venta ambulante, salvo el día que se reviste de majestuosidad.


Me pregunto si la señora lesionada hubiese devuelto el envite y también lesionara a su 'majestad'. Entonces, tal vez respondería de un delito contra el Derecho de Gentes. ¡Manda carallo!, que decimos por aquí


Su señoría podría haber alegado que el denunciado, como rey de un país extranjero gozaba de inmunidad personal y por ello no podía ser detenido ni juzgado en España. Dándole así otro argumento a la perjudicada para denunciar al morenito por usurpación de estado civil.


Lo más discutible es cuando se arguye que el que acude a un acontecimiento colectivo se debe aguantar con lo que le caiga encima. Imagínese que el mismo argumento se extendiera a los encuentros de fútbol, especialmente de los considerados de alto riesgo.


En cualquier caso, podemos estar ante unas lesiones por imprudencia, que como seguramente serían calificadas de falta, resultarían un acto penalmente impune, con lo cual, aunque de forma jacarandosa el juez ha acertado plenamente, aunque con distintos fundamentos.


A la lesionada le queda la vía civil, a expensas del sentido del humor del juez que le toque que, como se ve, impartirá justicia, aunque sus fundamentos jurídicos los saque de algún cómic.


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