Opinión

El cáncer baja a segunda

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El cáncer baja a segunda

Hay un dato con apariencias de bondad que envuelve una catástrofe: la detección de nuevos casos de cáncer ha bajado un veinticinco por ciento. En tiempos normales sería para dar saltos de alegría, pero las estadísticas en los tiempos del Covid-19 encierran falsedades monstruosas, y es que los enfermos no se atreven a ir a los hospitales por miedo al contagio del coronavirus, de ahí la apariencia positiva.

No sólo eso. Se aplazan intervenciones quirúrgicas y tratamientos, o se interrumpen hasta nueva orden. Para muchos enfermos de cáncer supondrá una condena a muerte, o el adelanto de la fecha de fallecimiento. Eso sí, es muy probable que se mejore la estadística de decesos en el quirófano, porque hay pacientes que se morirán antes. Se trata del sistema selectivo que aplicamos a las personas mayores con la respiración asistida, cuando escaseaban los aparatos.

Y esto no es fruto de que el escribidor conozca casuística emanada de su alrededor, sino avisos que llegan desde el Instituto de Investigación del Cáncer de Londres hasta el Grupo Español de Cáncer de Pulmón, presidido por el doctor Mariano Provencio.

Los recursos sanitarios, como los económicos, son limitados. Y si una partida requiere mayor dotación, se resienten otras. Incluso en las Urgencias se ha podido advertir que todo lo que no fuera coronavirus parecía algo vulgar. ¡Ojo! No estoy poniendo en duda la deontología de nuestros galenos, pero sí constatar que las afecciones que no eran originadas por el coronavirus, en el número uno de la lista de las cuarenta enfermedades principales, despertaban un interés rutinario.

Las investigaciones y el diagnóstico precoz han proporcionado grandes avances, hasta el punto de que el cáncer dejó de ser una sentencia letal. Pero la sacudida del covid-19 afecta incluso a los cimientos de nuestra no tan formidable estructura sanitaria. Formidable, de verdad, es el elemento humano, los profesionales, pero puede que los materiales no lo sean tanto. Digámoslo con crudeza y sin diplomacia: el cáncer ha bajado a segunda división.

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