Opinión

El silencio de los mastines

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El silencio de los mastines

Talis oratio qualis vita” (que tu vida sea como tu discurso), decían los clásicos. La locuacidad incoherente de los políticos es algo consustancial con su vacuidad. En sus discursos se refleja su miseria. Bajo los focos de los platós televisivos resplandece toda su logorrea demagógica: la patraña, las lentejuelas, el show relumbrón del que se nutre rumiante la majada borreguil. Insomnio de ovejas destempladas adictas a la filfa. 

Lo que me extraña es el silencio de los mastines. Lo que me aterra es que nadie les interrumpa, les acorrale, ponga en duda sus disparates recordándoles sus promesas. El que habla mucho es que no quiere que le pregunten. Y los políticos hablan sin contención: paja, paja, paja, algo de alfalfa, y el grano (que les incomode) ni siquiera lo tienen en el culo. ¿Dónde estáis, periodistas de raza? ¿Dónde acezantes sabuesos? ¿Dónde lebreles incansables siguiéndoles el rastro, tapándoles la coartada, cortándoles el rollo a estos demagogos de prime time? ¿Por qué hay tanto plumilla pesebrero? ¿Por qué tanto gacetillero paniaguado? ¿Por qué tanto lameculos por encargo? Maldita sea. ¿Dónde está vuestro “cuarto poder” para espantar las alimañas que merodean la grey anonadada por la desvergüenza, paralizada por la incertidumbre y acorralada por la indefensión? 

El cuarto poder, los medios de comunicación, no puede permanecer genuflexo ante el abuso institucional de los otros tres. Ni siquiera ante el abuso publicitario, por más dividendos que le aporte. El que quiera vender motos que compre un espacio. El periodismo de la media verdad es más perverso que el de la censura. Confunde más. Bajo la apariencia informativa subyace la componenda. Pulitzer frente a Goebbels; David frente a Goliat era menos aberrante. El periodismo tiene que relatar la realidad, no construir relatos ad hoc; eso puede entretener a la manada cierto tiempo, adormecerla, incluso alborotarla, pero al final saldrá en estampida sorprendiendo el dormitar de los mastines.

Se lo atribuyen a Mandela: “No me preocupan los gritos de los deshonestos, de la gente sin escrúpulos y de los delincuentes; más me preocupa el silencio de los buenos”. Yo añadiría, “periodistas”. La poquedad de un político se reconoce por su desatada verborrea, ¿es que no os dais cuenta de que cuando les preguntáis algo concreto en vez de contestar largan un mitin? Que no os lleven al huerto de los mudos; que no manipulen vuestra pluma, ni amordacen vuestra lengua. A vosotros encomendamos nuestro espíritu. Que no tengamos que resignarnos, como Tales de Mileto, porque todos seáis iguales: “No hay diferencia entre la vida y la muerte”. “¿Entonces por qué no te mueres?”, le preguntó uno. “Porque no hay diferencia”, le respondió. Marcad estilo, marcad distancia, marcad los times, marcad la diferencia. Hincadle los caninos a esos lobos disfrazados de corderos. Un gran mal barruntamos las ovejas.