¡Cuidado con Caperucita!

¡Cuidado con Caperucita!

Como esta es una semana de celebración del libro, me parece oportuno reflexionar sobre un fantasma letal comienza a tomar forma en nuestra sociedad: el de la censura y autocensura.
Vivimos en una sociedad sorprendente, la nuestra es una sociedad en la que, afortunadamente, disponemos de libertad para ser como queremos, relacionarnos con quienes nos venga en gana, en que hemos despachado todos los tabús sexuales, religiosos, de costumbres pero al mismo tiempo empieza a imperar una corriente peligrosa, la de lo políticamente correcto, que impone unos criterios de obligado cumplimiento. Hay autores cuyas obras literarias van a ser mandadas al cajón del olvido porque no se corresponden con los valores sociales de nuestra época. Lo mismo sucede con determinadas películas, y también con pinturas, esculturas etc. De manera que en nombre de lo que hoy es políticamente correcto se empieza a ejercer una censura que sabemos cómo está empezando pero no cómo va a acabar. Me temo que de seguir así dentro de unos años la gente leerá escondidas obras de autores que hoy empiezan a ser considerados poco menos que monstruos.
Llevo días dándole vueltas a esta asunto precisamente porque como decía esta es la semana del libro. La reflexión la motiva la decisión adoptada hace unos días por un colegio de Barcelona, el Táber, que ha decidido expurgar de su biblioteca cuentos tradicionales como el de Caperucita Roja y La Bella Durmiente entre otros porque los considera tóxicos y sexistas. ¡Casi nada!
La verdad es que me ha impresionado la noticia, tanto que me he releído esos cuentos que me gustaban tanto en mi infancia para intentar encontrar donde está su "pecado" para ser castigados con el ostracismo. También he leído unas cuantas interpretaciones sobre lo que de verdad se "cuenta" en Caperucita. La conclusión a que he llegado es que en mi infancia no me enteraba de nada pero que ya en la madurez tampoco es que me haya espabilado mucho porque no soy capaz de comulgar con esas interpretaciones sesudas sobre lo que de verdad esconde Caperucita Roja.
Lo cierto es que más allá de Caperucita Roja, lo que me preocupa es ese intento de ingeniería social de imponer un criterio único sobre cómo pensar, sobre lo que es correcto y lo que no lo es, y que lleva incluso a juzgar el pasado con los ojos del presente lo cual además de ser una solemne tontería no conduce a nada.
Los que se están alzando con el santo y seña de lo que es correcto en realidad sean los nuevos Savoronolas, negándonos a los demás la posibilidad de leer, ver, experimentar y llegar a nuestras propias conclusiones. De seguir esta oleada de puritanismo censor leer el cuento de Caperucita Roja se va a convertir en algo casi revolucionario.
Pero lo peor es que tras esa decisión de mandar al ostracismo Caperucita Roja puede terminar germinando el totalitarismo. Y eso ya no es cuento.