Pena, capital

Miles de vigueses y vecinos del área en edad de jubilarse se ven obligados a realizar un esfuerzo absurdo para comenzar un viaje de vacaciones. Que comienza con el obligado traslado por sus propios medios hasta Pontevedra para coger un autobús que les llevará a Santiago o a Coruña, desde donde a su vez podrán volar a un destino elegido, que probablemente les exigirá subirse a otro autocar. Una odisea que parece diseñada con el exclusivo fin de disuadir a muchos de apuntarse. Pero no es así y la razón resulta todavía peor. En realidad, si tienen la obligación de desplazarse hasta Pontevedra para subirse a un bus es básicamente porque se trata de la capital de la provincia. Y nada más, ni menos. Ese es el criterio y café para todos. Amargo en el caso de la ciudad del Castillo, el Mar y el Olivo.
Vigo ha avanzado y mucho en la normalización de sus estructuras: cuenta con una delegación propia de la Xunta, independiente de Pontevedra, y con la totalidad de servicios administrativo y judiciales demandados durante décadas, como la Audiencia, los juzgados de lo Mercantil o Contencioso, o las oficinas del Registro de empresas o de Tráfico. Incluso dispone de delegaciones provinciales  "hurtadas" a la Boa Vila, destacando la Tesorería  y el Instituto de la Seguridad Social, que probablemente conforman la piedra angular del Estado. Y sin embargo.... Pontevedra sigue ahí. Continúa siendo la denominación oficial de la circunscripción y la referencia absoluta a  la hora de realizar encuestas y estudios de campo, todos provinciales. Vigo ha ido sacando la cara y ya aparece hasta en los informes oficiales de forma diferenciada. Pero para viajar, desde la capital. Pena.