Opinión

Separación sin divorcio

Vigo y Pontevedra conforman la misma provincia, que lamentablemente lleva el nombre de la segunda ciudad, pero en la práctica viven separadas, de espaldas la una de la otra aunque sin consumar un divorcio que creo que resultaría beneficioso para ambos lados.

Se quejan en Pontevedra, con razón, de que es la única capital de España que carece de algunas dotaciones administrativas, que están en Vigo –como la dirección provincial de la Seguridad Social o la Tesorería, entre otras- en tanto que hay otros servicios compartidos, como la Audiencia o los juzgados Mercantil y Contencioso. Recientemente, la Xunta decidió dividir el territorio en dos partes, con una delegación viguesa para gestionar los asuntos de su área metropolitana y otra para el resto, con dos responsables, independientes el uno del otro.

Supone la primera partición de Galicia en cinco y la constatación oficial de un hecho real y repetido. Por eso hablo de separación, pero no de divorcio, porque se mantiene la circunscripción electoral y política, que tiene efectos estadísticos y sobre todo de imagen, letales ambos para Vigo, que se convierte en una ciudad invisible. Y ahí está el problema: si la parte administrativa y judicial se ha conseguido solucionar –Vigo ya tiene todas las dotaciones que había reclamado, como juzgados Mercantil y Contencioso, Registro Mercantil, Audiencia, o la oficina de Tráfico- no ha pasado lo mismo con un asunto nada menor como es la proyección exterior. A día de hoy, por ejemplo, por el puerto de Vigo sale y entra el 70 por ciento del comercio exterior, pero a efectos contables es la provincia de Pontevedra la cuarta exportadora de España.

Los hoteleros hicieron una propuesta que más tarde rectificaron de llamar Rías Baixas a Pontevedra-territorio, como ya hace la Diputación y también el vino más famoso de la zona. Sería un buen acuerdo. Otro, que ya que es dual, lo sea también en la nomenclatura y se denomine Pontevedra-Vigo. Y la tercera, la mejor pero también la más compleja, decirnos adiós tras una aventura en común que nunca resultó satisfactoria para ninguna de las dos partes. Algo así plantean también los jueces de Vigo.

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