Opinión

movida en el psdeg

Salía ayer ante los medios Pachi Vázquez para decir que en su partido, el PSOE, sector gallego, no había sino absoluta normalidad tras los congresos provinciales del fin de semana y que -en definitiva- su liderazgo no estaba en cuestión. Suena tan verdadero como las noticias que llegan desde el Real Madrid sobre la extensión de la pax mourinhista, cuando al parecer arden vestuario y grada. Pachi Vázquez actúa de forma muy similar a Mariano Rajoy, fijando su propio tempo, que no coincide con el que marca la prensa, mucho menos con la realidad. La mejor prueba, su cachazuda declaración sobre la negativa de Carmela Silva a cumplir la norma de incompatibilidades -asunto solucionado, según él- tras la enésima provocación de Abel Caballero , quien no pierde ocasión para mostrar en público su absoluto menosprecio por el secretario general de los socialistas gallegos, al que aspira a liquidar con una operación de pinza.

No será para colocarse él mismo, sino a uno de los suyos, una táctica que aprendió a la sombra de Paco Vázquez, cuando el alcalde de A Coruña tenía al ahora regidor vigués de hombre para todo, capaz de mantener en permanente bronca al PSOE vigués y de impedir que se consolidara un poder autónomo en el sur de Galicia. O para lanzarle como outsider a hacer el papelón en las elecciones gallegas. Vázquez sólo bajaba a la arena cuando las circunstancias le impedían seguir manejando el mando a distancia. Caballero está ahora en lo mismo: con Modesto Pose en la provincial y tratando de colocar a Silva donde sea. Mientras, él mismo busca un lugar bajo el sol en la próxima ejecutiva del PSOE, amagando con ejercer de 'nucleador' -es la palabra que utiliza- de los alcaldes socialistas y adalid del municipalismo: en realidad busca un nicho de poder para maniobrar en el congreso de Sevilla y lograr hueco en la dirección de Rubalcaba. Si esta es la renovación del PSOE, habrá PP para mucho, mucho tiempo.

¿Y en Galicia? Con Pachi Vázquez ejerciendo de Don Tancredo, lo que para muchos será signo de sagacidad política y para otros la prueba de que no sabe gestionar y se deja comer el terreno. En estas condiciones, Don Abel se muestra encantado consigo mismo, y su corte palmera eleva al cielo el culto al Gran Timonel.

Te puede interesar