Opinión

Los 50.000 de Riazor

Al menos 50.000 personas (y contados de verdad, no según los cálculos de la organización) salieron a la calle en Coruña para celebrar el ascenso a Segunda. Sí, a Segunda, de donde el Celta trata de huir cuanto antes. Fue casi como si hubieran ganado la Champions y no es raro. Lo digo sin ironía: yo habría hecho lo mismo después de conseguir salir del anillo más profundo del infierno para alcanzar al menos el purgatorio de fútbol profesional. Reconozco que ni siquiera en mis sueños celtistas más locos habría imaginado al filial celeste jugando en Riazor contra el titular del campo y encima ganando, una humillación absoluta. Y así durante cuatro años. 

Del Deportivo (conocido antes en Vigo como Coruña) no envidio su título de Liga y su semifinal europea de los tiempos del Superdépor que fue precisamente la causa de su posterior perdición y hundimiento hasta llegar al límite de su desaparición. Como explicaba un amigo, el Dépor se fue de copas, pero no las pagó. Eso es historia, aunque pueden presumir de tener los trofeos en la sede del club, como el Celta de llevar muchos más años en Primera División y de una sociedad con la economía saneada y en condiciones de competir… aunque siempre con la amenaza del abismo abriéndose a los pies. De los rivales de las Rías Altas sí envidio su afición absoluta, entregada y que se ha demostrado ser fiel también en la adversidad y la enfermedad después de los días de vino y rosas (y títulos y ruina) de Lendoiro. El celtismo es duro de pelar y se las ha visto de casi todos los colores, incluyendo un descenso administrativo y dos finales de Copa perdidas, pero hay que reconocer que los coruñeses tienen una afición indestructible.

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