Opinión

incompetencia antes que maldad

lo de la guardería de valladares es una muestra más de incompetencia soviética trasladada a la muy leal.


Aunque cierta maldad (realizar de forma voluntaria acciones contrarias a los intereses públicos) dirige buena parte de los actos del Gran Timonel y su corte, la incompetencia –por tanto la omisión culposa de sus deberes- se sitúa definitivamente por encima en una supuesta escala de valores negativos. Ayer mismo un grupo de periodistas pudo constatarlo: la guardería de Valladares sigue sin tener conexiones ni acometidas de agua mientras se realiza una obra municipal a escasos metros que permitiría solucionar el problema. No se hace porque, como en los tiempos de la inútil burocracia soviética, no hay órdenes desde la cúpula del ayuntamiento.

Y no las hay porque el Concello de Vigo, como pregonaba abiertamente Caballero en sus carteles, es desde hace ahora un año la Alcaldía, sin concejales al frente de los distintos departamentos. Hay en teoría responsables de Tráfico, de Cultura y de Urbanismo pero en la práctica, el alcalde se ocupa de todo ello con el resultado a la vista: una total falta de gestión, concentrada en propaganda, y un gasto disparatado en aceras que en una situación extrema como la actual resulta inconcebible para cualquier responsable público. Me lo explicaba muy bien hace unos días un exedil socialista vigués: “El alcalde siempre ha sido así, no hay de qué extrañarse de que ahora que gobierna en minoría resulte más visible”.

Todo ello se constata en la diaria subida al púlpito del Querido Líder a lanzar sus proclamas, invariables: contra la Xunta y contra todos aquellos que no le hacen una genuflexión, incluyendo en su propio partido (véase el caso Silva). Es una práctica cansina, sin parangón posible entre los alcaldes, concejales, parlamentarios, consejeros autonómicos y presidentes en toda España. Así lleva la Muy Leal ya un año, el del desgraciado segundo mandato de Caballero, que pasará a la historia local como uno de las épocas negras de la ciudad. No sólo por la caída brutal de la economía y la productividad, sino sobre todo por el retroceso democrático y la convicción de que al frente del Concello se encuentra una persona y un equipo que alterna dosis de maldad con toneladas de incompetencia.

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