Opinión

la corte de los milagros

Muy pocas cosas pueden extrañar en la corte de los milagros en que se ha convertido el ayuntamiento de la Muy Leal por obra y gracia del Gran Timonel, cuya actividad, como se puede comprobar por su agenda pública, se limita a Aceras y Propaganda, dejando el resto olvidado. En el Concello de Vigo no hay concejal de Tráfico (no se recuerda una sola acción de Carlos Font, quizá el único concejal de cierta capacidad) ni tampoco de Urbanismo (las licencias han llegado al mínimo, la gestión todavía más abajo), tampoco de Turismo (Cayetano está missing) ni mucho menos de Cultura, departamento que camina sin cabeza ni medios al acumular los cierres del Archivo Pacheco, el Centro de Artesanía y el Museo Liste, en tanto que la Pinacoteca y Castrelos se mantienen con respiración asistida. Mientras, el alcalde aprueba unos presupuestos cuya mayor partida se dedica a cambiar losetas en las calles.

En estas condiciones, suena lógico lo ilógico: que el pleno haya aprobado por vez primera en su historia un cierre patronal de la institución. Nunca antes un organismo público se había puesto en huelga, pero así es. Hasta ahora, el paro era un asunto individual, un derecho de cada uno. Por ejemplo, en la anterior, con el PSOE en el poder, los funcionarios pudieron hacer huelga pero el ayuntamiento no la declaró.

En realidad, no perderemos nada: a estas alturas lo más piadoso sería el cierre de la Gerencia de Urbanismo (10,5 millones de pérdidas consignados para 2012 y menos de un millón de ingresos previstos), de la Concejalía de Cultura (su función actual es un misterio) y de Tráfico, que funciona con la Policía Local. Y ya metidos en ajustes, del resto del consistorio.

El Gran Timonel, a quien su incansable corte se encarga de calificar a todas horas como el mayor de los prodigios, titán de los alcaldes y genio de la Administración, ha llevado a Vigo -con la colaboración necesaria del BNG, preocupado por las deudas pendientes de su paso por el gobierno efectivo- a una sima. No hay que desesperar: Quizá debajo haya petróleo.

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