Opinión

El Concello es todo Vigo; la Alcaldía, uno solo

Este fin de semana dio otro paso adelante Don Abel en su loca carrera hacia el vacío al entregar medallas a los niños deportistas -galardones de reconocimiento de todo Vigo a unos vigueses- que supone la enésima burla a la Muy Leal, a sus ciudadanos y a la historia: aparecen firmadas por la Alcaldía. Es decir, por él. Se trata de un intento sin fin ni límites de patrimonializar una institución de todos al servicio de uno, algo que la Corporación, en primer lugar, y toda la ciudad tienen la obligación de evitar. ¿Alguien se imagina qué pasaría si Rajoy firmara documentos, hiciera anuncios, inaugurara carreteras o pusiera en marcha campañas de los distintos ministerios bajo la denominación de Presidencia del Gobierno o Feijóo como Jefe de la Xunta? Sería inaceptable y probablemente no duraría una semana.

Es evidente que ni Núñez Feijóo ni Mariano Rajoy (ni Touriño ni Zapatero, para entendernos) serían capaces de hacer algo así por muchos motivos, no siendo el menor su convicción de que las instituciones tienen que ser respetadas. ¿Lo hace el Gran Timonel? Es evidente que no: libre de todas las ataduras y sin controles ni contrapesos su política se basa en una operación que mezcla la confrontación con todos y con todo y la deslegitimación permanente del Concello al no hacer caso a las resoluciones que se aprueban por mayoría en la Corporación –jurídicamente correcto, políticamente inaceptable- y tratando de anular la institución que representa a toda la ciudad para ser la única vedette, el gran patrón que da y quita.

Lo ocurrido en la Cabalgata de Reyes –de nuevo con la búsqueda de un protagonismo enfermizo que le llevó a desfilar al frente de sus concejales y las carrozas- debería hacer reflexionar a alguno de sus fieles sobre el camino que llevan el PSOE y Vigo. Valiente, la exconcejala socialista Laura López Atrio ha sido uno de los primeros en cambiar de orilla tras poder constatar de primera mano, en el seno del gobierno local, que el desvarío se ha convertido en norma en el consistorio.

El alcalde, camino del quinto año y con los últimos seis meses en solitario, no se hace digno del cargo que ocupa. O más bien okupa.

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