Opinión

Carmela silva, a su aire

En el anterior mandato aceptó tener solo un cargo, ahora sigue acumulándolos


Carmela Silva continúa siendo concejala de Urbanismo y vicealcaldesa de Vigo y no renuncia a añadir además la presidencia del Consorcio Casco Vello, organismo donde el Concello sólo tiene el 10% del capital, en tanto que la Xunta aporta el 90 por ciento restante. Por todos estos cargos recibe unos emolumentos en forma de dietas por asistencia (juntas de gobierno, plenos) que suman alrededor de un millar de euros al mes. Se dirá que no es mucho. Cierto: pero en definitiva se trata de dinero público que añadir al salario -también público- que percibe como diputada y secretaria de la Mesa del Congreso, cargos que compatibiliza contra el criterio de su partido y las normas expresas del PSOE. Añadamos a todo ello que acaba de ser incluida en la dirección federal socialista con una secretaría de Migraciones, lo que da como resultado que Silva recibe dinero del Concello y del Congreso y mantiene despachos y ocupaciones diversas en Madrid y Vigo, la garantía para que la más importante de sus ocupaciones, la gestión del Urbanismo, sea una catástrofe. No sólo por la caída en picado de la construcción, lo que no le atañe, sino por su manifiesta incapacidad para desarrollar planes de ordenación y el Plan General que ella misma validó en la Corporación anterior. La mayor prueba del disparate permanente es que entonces, cuando fue designada portavoz en el Senado, comprendió que no podía estar en Vigo como concejala del gobierno y en Madrid como parlamentaria en la Cámara Alta, cuyo trabajo es muy inferior a la Cámara Baja, donde tiene su escaño. Ahora en cambio cree que sí. Que todo eso y más.

Buena parte de la culpa de este dislate que afecta directamente a los vigueses, recae sobre Pachi Vázquez, secretario del PSdeG, quien en su búsqueda de un consenso interno como fuera para afrontar las elecciones claudicó al aceptar paños calientes ante Silva y Abel Caballero, portavoz de la portavoz, aplazando Ad calendas graecas el cese de la concejala. El desenlace, cantado, es que Vázquez, tratando de evitar un lío interno aceptó un pacto que Caballero nunca iba a cumplir, con el resultado de que ahora tiene enfrente a Elena Espinosa, Silva y Caballero tratando de arrebatarle su puesto de secretario general en Galicia. Y en Vigo, mientras, sin gestión en urbanismo.

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