Opinión

aceras y poder

Mientras el mundo que conocíamos se desploma alrededor, el Gran Timonel dedica todo su tiempo a algo tan propio de los jubilados como inspeccionar obras (Abel Caballero va camino de los 66) y tan impropio de los alcaldes como impedir actuaciones e inversiones que mejoren su ciudad.

Así ha pasado el primer año, entre paseos triunfales con su corte palmera, propaganda, tomaduras de pelo varias a Pachi Vázquez y un desprecio absoluto a todo lo que no sea él mismo, con el bloqueo a la Ciudad de la Justicia, el hospital y el Área Metropolitana como grandes hitos de su alocada carrera hacia el vacío con la Muy Leal de pasajero.

Caballero, el Querido Líder, llevaba unos meses con la agenda vacía, llenándola con actividades propias de un alcalde de pueblo o un concejal cualquiera, pero eso ya es historia: esta semana pudo darse su primer paseo por unas aceras en construcción y se le ve más relajado.

Cierto que ha tenido que cambiar los carteles de Alcaldía por los del Concello de Vigo, prácticamente la única concesión al BNG –que no al pleno de la Corporación, cuyas resoluciones desprecia- pero ya tiene en su mano el instrumento para gastar 40 millones en dos años gracias a los presupuestos municipales y la prórroga injustificada e injustificable a Aqualia cuyo único objeto parece dar dinero a una empresa para que haga más aceras. Ahí reside el peligro de dejar en manos de una sola persona todo el poder, sin los contrapesos propios de una sociedad democrática. Vigo se hunde y su alcalde ha decidido convertirse en el más pesado lastre, convencido como está de que lo único importante es mantener el poder como sea, no respetar las instituciones.


PD1. Pachi Vázquez sigue observando el precio que supone dejarse engullir por la bestia para tratar de aplacarla, en lugar de acabar con ella.

PD2. Con la que está cayendo, la foto de la dirección socialista viguesa de cena es una anécdota, sí, pero sangrante.

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