"Los míos" son los buenos, los demás a la basura

"Los míos" son los buenos, los demás a la basura

Es muy triste para los verdaderos demócratas las reacciones de algunos partidos politicos tras unas elecciones. Como si hubiese votos de primera, de segunda o de basura. Y, claro está, contra los de “basura” se carga con mil y un infundios, descalificaciones y toda suerte de improperios. Incluso, y esto es gravísimo, con amenazas fuera de lugar. Evidentemente a unos les gusta un estilo y una formación politica y a otros otra bien distinta y con todo el desparpajo se les descalifica a algunos sin la más elemental educación democrática. Los votos que entran en una urna son sagrados y todos valen lo mismo, igual el del rey que el del barrendero y esto es lo grande de la democracia. Las urnas a todos nos igualan. Y su veredicto debe ser respetado hasta el extremo. Calificar despectivamente a algún partido porque está lejos de mi ideología es grave.
Personalmente he escrito siempre que en el momento de la Transición, a mi modo de ver había cuatro pilares todos ellos muy respetables y así se reflejó en los resultados e incluso merecieron el aplauso por haberse sabido entender. Y se lo comenté a Santiago Carrillo en una visita a Lisboa y más tarde a Alfonso Guerra. Aquellos cuatro pilares, para mí, eran Tierno Galván, Fraga, Carrillo y Blas Piñar. Cuatro mentalidades bien distintas pero que fueron capaces de sentarse y de renunciar a muchos de los presupuestos de sus ideologías. Crearon un clima porque bien creo que eran personas inteligentes, muy inteligentes. Los mismos miembros del Consejo General del Movimiento, “supuestamente” vitalicios, supieron renunciar y disolverse.
Pues ahora está ocurriendo prácticamente lo contrario y basta para ello escuchar las reacciones post electorales. Están algunos atacando el nacimiento de Vox, ese nuevo partido. Evidentemente, dada su ideología se hace difícil que muchos coincidamos con esa formación. Pero la discrepancia es una cosa y el despiadado ataque es algo bien distinto. ¿Cuándo seremos capaces en este país de respetarnos sin ofender y sin descalificaciones fuera de lugar? Y nada digamos cuando se pretenden combatir al margen de los parlamentos llevando a la calle los desencuentros políticos. Amenazas que, de llevarse a la práctica, supondrían grave delito.
Una clase politica que, como modos de actuación, posee la previa clasificación de los adversarios revela muy poca altura. Unos son “los míos”, que “por supuesto” son los buenos, y el resto es basura que nada entienden de nada. Esta actitud desprestigia a quienes la poseen.
Parece normal que tras unas elecciones las caras de los ganadores sean distintas de aquellos que han recogido menos papeletas en las urnas. Pero esas derrotas debieran asumirse sin para ello llamar de todo al contrario. Sea de la línea que fuere es necesario respetar a todos. Las ideologías diferentes enriquecen un país. Todo el mundo tiene derecho a posicionarse ya sea en un extremo o en el otro o quedarse en el centro. Esa es la verdadera democracia. Pero para ello la raíz del problema la tengo muy clara. Es la categoría humana, intelectual y politica de cada quien. En suma, es la falta de verdaderos liderazgos capaces de arrastrar tras de si sin ir dejando sangre por el camino. Algunos parece que gozan en ir creando enemigos irreconciliables. Y eso se está creando en el momento de los escrutinios pero también en los escaños de los parlamentos en los que, desgraciadamente, comienzan a menudear posturas, gestos e insultos de todo punto improcedentes.