La caña y el pez

La caña y el pez

Sin lugar a dudas, y apelando a nuestra humanidad y sentimientos, estamos llamados a prestar ayuda a tantos miles de personas que huyen de sus países y se refugian en los que ellos creen que les van a reportar algún bienestar. El tema de los refugiados ocupa lugares preferentes en los medios de comunicación y en las instituciones internacionales y debiera tener lugar privilegiado en los corazones de aquellos países que los reciben. Tenemos que recordar que, referidos a España, hemos sido también un país emigrante ya sea a Europa o a los países hispanoamericanos. Ya desde los descubrimientos los españoles hemos dejado un sello indeleble a innumerables zonas. Incluso, algo más, los gallegos son considerados como laboriosos y honrados hasta el punto de que en muchos lugares "gallego" es sinónimo de español. Un sello en la industria y en devenir de los pueblos y ciudades. Transmitimos nuestra cultura y también contundentes ejemplos de personas luchadoras y sobrias que con su esfuerzo se han ido labrando un porvenir ahorrando y privándose de muchos gustos para poder regresar a la tierra con un mejor porvenir que el que llevaron.
Dicho todo lo anterior sería necesario recordar que es urgente una política migratoria. Primero favoreciendo un clima propicio para que la gente pueda permanecer en sus países de origen sin tener que emigrar con riesgos que han llevado al Mediterráneo a ser el cementerio de África y nuestras playas, improvisados tanatorios donde reposan cada mañana cuerpos inertes que va arrojando el mar. Mientras eso esté por hacer la cosa irá mal. 
Pero hay un punto que me gustaría resaltar y se refiere a la acogida de los refugiados. Sinceramente creo que tal como se está llevando en poco conduce al bienestar de tantas personas. Existen en España, desgraciadamente, y fruto de un cambio de época y estilo, muchísimos pueblos en toda la geografía que se han ido quedando desiertos. nadie habita sus casa ni nadie cultiva sus campos. Se me ocurre que una buena solución podría ser acoger a los inmigrantes, a los refugiados y ofrecerles esos pueblos para que en ellos pudiesen rehacer sus vidas, trabajar y poder subsistir. Creo que ello nunca significaría una ofensa, antes bien una manera de integrarlos en un país y en una sociedad a la que acudieron en busca de libertad. El trabajo ennoblece y sería un medio de subsistencia con todos los apoyos posibles de las instituciones pero siempre contando con el compromiso, por parte de ellos, de que su trabajo sería su medio de subsistencia.
Huyen de la guerra, la persecución y la angustia. Aquí podrían lograr en gran parte su paz, la libertad y vivir en democracia. Es así como se les podría ayudar más eficazmente y aquí estaría el apoyo de las diversas instituciones de todo tipo. Incluso la enseñanza y la sanidad, pero partiendo de su colaboración. Por otra parte nuestros pueblos necesitan de un resurgir y éste sería un camino a seguir. Porque surge aquí el aforismo tan cierto: si se ofrece el pez se les podrá socorrer un tiempo limitado; si se les da la caña y se les enseña a pescar podrán subsistir y sobre todo sentirse útiles.
Sería la solución ya que la comunidad internacional se resiste a tomar decisiones serias para que en su lugar de origen puedan vivir libre y dignamente. Esa es otra asignatura que sigue ahí como la gran incógnita que obnubila con intereses tal vez inconfesables, el arrojo de afrontar el problema en su raíz.