Opinión

El sepelio de la música

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El sepelio de la música

Dicen algunos expertos que las nuevas generaciones ya no les interesa la música clásica. Que el entusiasmo de siglos se apaga. ¡Pena! Empecemos con la española. En Febrero de 1841 nacía en Tortosa, Aragón un ilustre y hoy día olvidado compositor español de música clásica llamado Felipe Pedrell. Impulsado por su nacionalismo, fue el antecesor de la futura estampa española en el mundo de este arte gracias a sus discípulos, entre ellos los famosos compositores Manuel de Falla, Isaac Albeniz y Enrique Granados. Todos contribuyeron y hasta influenciaron a otros europeos como Bizet (ópera Carmen) y Ravel (Bolero) a tomar nota y contribuir con sus propias obras a la salsa ibérica de la época gloriosa del clasicismo musical. Aunque el tono en general rodeaba el folclore andaluz, la obra maestra de Albeniz, que era catalán fue su suite ‘Ibérica’ que respondía a los cantos de toda la península al igual que la preciosa obra de Falla, ‘Noches en los Jardines de España’. 
Recuerdo hace años que le rendí homenaje a este último con una carta a la prensa titulada ‘Adiós a Don Manuel’. Era cuando fueron retirados de circulación los billetes de 100 pesetas y reemplazados con la moneda. Pero a medida que pasaba el tiempo, nuevas modalidades de música popular comenzaron a surgir. Europa introdujo la opereta vienesa, la opera cómica francesa y la contribución inglesa de los compositores Gilbert y Sullivan con las farsas musicales británicas sin olvidarse de la comedia musical en los Estados Unidos. España no se quedó atrás. Surgió la Zarzuela. Todos los años Ponteareas le rinde un homenaje al maestro Reveriano Soutullo que entre otras composiciones –el conocido pasodoble del mismo nombre– presento en 1927 la famosa obra de ‘La del Soto del Parral’. Sin revolver en la enciclopedia musical, suficiente recordar la serie de Televisión Española en los años 70, ‘La Zarzuela’ y el gran espectáculo creado por José Tamayo en los 80 llamado ‘Antología de la Zarzuela’. Ambas volvieron a recordar a las nuevas generaciones de la democracia de parte del patrimonio musical de España. ¿Pero que ha ocurrido desde entonces? A finales de la I Guerra Mundial, impulsado por la música afro-americana de USA surgió el jazz, concretamente en Nueva Orleáns y Nueva York, que empezó a desplazarse por el país gracias a la radio y el cine, y se consagró como la nueva música moderna. Le siguieron los blues, el regae –gracias a Jamaica- y el famoso ‘rock and roll’. Míticos artistas como Louis Amstrong, Elvis Presley y Jimmy Cliff perduraran en la eternidad. La música clásica se estancó con el bajón de nuevos compositores salvo uno que otro como Aarón Copland, Jan Sibelius y nuestro propio Joaquín Rodrigo.
En la segunda mitad del siglo XX la sociedad estaba dividida en un clasismo musical; los amantes de lo clásico por un lado y los volcados en la modernidad por el otro. Lo que esta claro es que lo antiguo casi no ha cambiado –salvo las bandas sonoras de películas- mientras lo moderno se ha convertido en un artículo de consumo y es un cocktail de todo lo anterior degenerado en forma de punk, hip hop y no sé cuantas otras derivaciones que hay y están por venir. Personalmente me encanta todo lo clásico pero mi amor por lo moderno se enterró con los Beetles y Bob Marley. Ahora sueño con 26 Abbey Road mientras escucho a ‘Fantasía para un Gentilhombre’ de Rodrigo. ¡Versión grabada en disco de 33 r.p.m. con Narciso Yépez en guitarra con la orquesta sinfónica nacional de España - 1982!

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