Opinión

Papeles

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Papeles

En toda relación, sea familia, pareja de hecho, entre amigos, peñas e incluso colegas de la empresa se usan palabras o expresiones para describir un oficio, un deporte, un evento o algún sitio determinado de pasar el verano. Es bastante común usar la palabra ‘chollo’ para describir un puesto de trabajo, ‘ir de Rodríguez’ para una salida de amigos ‘a lo soltero’, o ‘timba’ una partida de mus en la cafetería, para dar ejemplos. Muchas personas, estoy seguro tienen sus propias palabras o expresiones, diría que, inventadas para determinadas obras, rutinas intimas con amigos o familiares. Por ejemplo, cuando las mujeres, que me disculpe el movimiento feminista, suelen ir de compras, digo que ‘van de perritos’ porque solo hay que observarlas durante un paseo por la calle de Príncipe y ver como se paran en cada escaparate a lo largo de la calle peatonal, tienda tras tienda. 

Dejo a vuestra imaginación para descifrar la similitud de la expresión. Los días que dedico a la administración rutinaria de ordenar y archivar todo lo relacionado con documentos como son, por ejemplo, extractos bancarios, recibos de la luz, la comunidad, los impuestos, las recetas de la farmacia y otros le digo a mi mujer que estoy de ‘papeles’. Desde que comenzó esta horrible pandemia y hemos estado confinados a nuestras casas, el ‘chollo’ de ‘papeles’ se ha transformado en un verdadero y monumental trabajo, mas que nada para no caer en le pozo del aburrimiento. Estoy seguro de que estará ocurriendo en muchos otros hogares, especialmente los de las personas mayores que tienen el piso o la casa llena, no solo de trastos, pero de cientos de cosas del que no le han echado mano durante años. 

Gracias a esta situación probablemente han sacado de los armarios, los trasteros y un sinfín de cajones del olvido todo tipo de parafernalia que probablemente ha estado escondido durante años. Lo primero sería lo de los libros. Desempolvar las estanterías y comenzar, quizás a volver a leer nuevamente libros antiguos, algunos siendo recuerdos de la juventud. Pasemos a las fotos. ¡Madre mía! ¿Quién no tiene cientos, sino miles de fotos de familia de todo tipo que no han visto durante años? Desde los de blanco y negro hasta incluso los de diapositivas de tecnicolor del siglo pasado. Las de los móviles digitales de hoy no tienen comparación. Son verdadera joyas. Pasemos pagina y nos vamos a la música. ¡Uf! En mi casa tengo desde los antiguos elepés, los casetes y los CD. ¿Pero con cuales me quedo? Me pase un día entero ordenando los discos de 33 revoluciones con joyas como los 5 conciertos de piano de Beethoven interpretados por Claudio Arrau hasta la serie de zarzuelas de la TVE de los años 70. Una joven Alicia de Larrocha, con sus pequeñas manos interpretando ‘Iberia’ de Albéniz o joyas gallegas como ‘Milladoiro’. La calidad de sonido de los nuevos aparatos digitales no tiene comparación con lo de un disco analógico. 

Los tres tenores, Pavarotti, Carreras y Placido Domingo, o Julio Iglesias cuando era joven suenan como si fueran grabados hace unos días, mientras que muchos CD ya comienzan a fallar, no por el sonido. Simplemente se atascan.  Al día siguiente ataque lo de los videos. Creo que tendré por lo menos unos doscientos o más de películas y otro tipo de grabaciones que he acumulado durante años. Algunos están deteriorados, pero no sufren tanto como los DVD que también guardo en una estantería. Una vez que se estropea la digitalización es como el tango de Gardel. ¡’Adiós pampa mía!! Ya no sirve y a la basura. En fin, aun me queda mucho que ordenar.

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