Opinión

Corrupción sistémica

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Corrupción sistémica

Aestas alturas del tiempo en que estamos, y tras los recientes acontecimientos de corrupción que golpean sin excepción la mayor parte de los países, la institucionalización de la corrupción o, mejor, su naturaleza sistémica, parece fuera de dudas. Así, por ejemplo, lo ha señalado el informe del consejo asesor de expertos anticorrupción del BID en un reciente informe.

Pues bien, frente a una corrupción sistémica es menester una respuesta sistémica. No son suficientes las regulaciones anticorrupción. Menos todavía las declamaciones teóricas y abstractas. Es menester una acción integral que involucre al sector público, al sector privado y a los ciudadanos para recuperar la confianza y los valores democráticos. Para eso es necesario reformar inteligentemente la legislación de contratos, la urbanística, y, sobre todo, decidirse de verdad a establecer nuevas reglas para la financiación de los partidos políticos que impidan el espectáculo actual dominado y en manos de los grandes financiadores.

La clave está, claro que sí, en la transparencia en las adjudicaciones de los contratos, en las revisiones de los planes urbanísticos o en el cambio de uso del suelo, en los presupuestos públicos y en su ejecución, en la formulación de los conflictos de interés, así como en el uso innovador de las nuevas tecnologías de la información. Además, y sobre todo, se debe mejorar el acceso a la información de interés general, garantizar la independencia del poder judicial y un sistema penal que impida la captura del Estado por las élites tecnoestructurales.

Sin un sistema educativo solido que transmita los valores del servicio público y del papel de la empresa en un Estado social y democrático de Derecho, poco podrá hacerse. Si nos quedamos en lo formal, como hasta ahora, las normas no solo no cumplirán su objetivo, sino que se convertirán en las grandes aliadas de una corrupción que no cesa porque no cesa la desmoralización y la falta de principios en la sociedad y en la vida de los ciudadanos. Por eso, precisamos una lucha sistémica aderezada con una vuelta a los principios. Casi nada.

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