Opinión

El hambre como tragedia

'El hambre no es una fatalidad, es un asesinato'. Lo dice Jean Ziegler, analista político, exrelator especial de Naciones Unidas para el Derecho a la Alimentación y actual miembro del comité Consultivo de Derechos Humanos en un entrevista publicada este domingo en 'La Vanguardia'. Los datos son terribles: 57.000 personas mueren de hambre cada día, ¡20 millones de personas al año! Al menos 1.100 millones de personas quedan gravemente invalidadas o sufren secuelas graves por la desnutrición.

Los programas contra el hambre que ampulosamente abordaron los Gobiernos de los países desarrollados no han servido para paliar el problema y mucho menos para acabar con él, a pesar de que la agricultura mundial podría alimentar normalmente, con 2.200 calorías diarias, a 12.000 millones de personas, 5.000 más de los que pueblan el mundo. Por eso, como dice Ziegler 'el hambre es pura violencia estructural, un orden caníbal del mundo' que se extiende día tras día sin que nadie haga nada. Diez sociedades multinacionales, asegura Ziegler, controlan el 85 por ciento del comercio alimentario del mundo. Y todas tienen que dar más beneficios cada año, sin que los mercados ni los Gobiernos hagan nada por evitar esta destrucción masiva de millones de hombres inocentes.

¿Tercer mundo? No, España también. Ziegler asegura que las causas del hambre son las mismas hoy en España que en Honduras o Mali, la excesiva liberalización de los mercados, convertidos en actores que lo deciden todo. Lo estamos sufriendo. Es indudable que España necesita reformas de fondo que permitan el crecimiento y que hay muchos responsables de esta crisis que padecemos que se lo han llevado crudo y a los que no se les han pedido ni responsabilidades penales ni políticas... ni, lo que es mucho más grave, éticas o morales.

Pero la realidad de la España de hoy es que ya hay más niños -2,2 millones de menores de 18 años- que ancianos al borde o por debajo de los umbrales de la pobreza y que ¡el 45 por ciento! de los hijos de los inmigrantes son pobres. Lo leemos sin que nos conmueva, sin que nos mueva a actuar de otra manera, a salir a la calle realmente indignados... Cáritas sí sabe de marginación y de indignación. ¿Qué igualdad de oportunidades podemos ofrecer a los ciudadanos si el punto de partida es cada vez más distante y, en algunos casos, simplemente no existe?

En la España de los últimos diez años, con gobiernos de izquierda, las diferencias sociales entre los más ricos y los más pobres ha crecido de manera sustancial, los más ricos han tenido más beneficios, los banqueros han recibido un trato privilegiado y los más pobres han sido condenados a la precariedad. Ahora, con un Gobierno de derechas, aunque se han limitado los sueldos y privilegios de algunos, lo que van a perder los más débiles son derechos fundamentales. No es sólo sentir el hambre en las tripas. Se extiende la miseria social. Una enorme tragedia.

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