Opinión

Sánchez y el PNV

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Sánchez y el PNV

De dónde ha sacado el doctor Sánchez la afirmación de que históricamente el PSOE ha sido un partido partidario de convertir España en un Estado Federal? Hace tiempo, a este respecto, que el veterano socialista vasco José Luis Corcuera insistió en que su partido nunca fue partidario de la federalización del país. Ni el federalismo simétrico ni el asimétrico fueron nunca el modelo de los grandes pensadores del socialismo español. Julián Besteiro, en una entrevista publicada en el periódico “El Sol”, el día 3 de junio de 1931, cuando la II República inicia su caminar, afirma: “Si se intentase someter a toda España a un esquema de República federal se cometería, a mi juicio, un grave error”. En 1920, en Congreso, Pablo Iglesias manifestó: “Me asusta el nacionalismo vasco, más que como elemento separatista, como elemento reaccionario”. ¿Qué pensaría hoy el histórico dirigente socialista (que decía de sí mismo “Soy socialista a fuer de liberal”), de la cordial entente del PSOE con el nacionalismo vasco, al que tanto combatió durante gran parte de su vida política?
Conviene citar estos antecedentes, en un momento en que el PNV viene dejando caer una propuesta para sí, y para Cataluña que, por un lado, parece querer recuperar la vieja propuesta de Ibarretxe de “Estado libre asociado” con un paso más allá: la independencia plena de Euskadi como Estado, en todo caso dentro de un modelo de confederación ibérica que mantuviera algunos tenues vínculos con el Estado español, pero con el pleno ejercicio propiamente de la propia soberanía nacional. Han pasado de aquello 17 años.
El lenguaje del PNV
Conviene fijarse que en el actual lenguaje usado por el PNV se recuperan las expresiones con que Ibarretxe presentó su plan en el Parlamento de Victoria Congreso de los Diputados: “Que el País Vasco se convierta en un territorio de libre asociación y soberanía compartida con España”.  Pero, justificándolo como de este modo se dejaba sin discurso a Batasuna, empleaba alguno de los mismos argumentos del brazo político de ETA.
Con un vigor que ahora se echa de menos en el PSOE, en aquellos días, el socialista Ramón Jáuregui equiparó las palabras de Ibarretxe con la invitación a un diabético a comer en una pastelería. El lendakari fundamentó su oferta en que la normalización política del País Vasco pasa por asumir que Euskadi “no es una parte subordinada del Estado, sino un pueblo con identidad propia» que tiene el derecho a ser consultado para decidir su propio futuro y a que se reconozca su identidad nacional”. Lo mismo que ahora se reclama y que coincide plenamente con el discurso del independentismo catalán.
En el plan de Ibarretxe había más: La concesión del estatus de región o nación asociada en la Unión Europea, presencia directa en las instituciones europeas para defender sus competencias exclusivas y en representación de su identidad. Y además poder tener voz propia en el mundo y en los organismos internacionales con capacidad para firmar tratados internacionales. Y por fin el “reconocimiento con toda naturalidad, la nacionalidad vasca a efectos jurídicos, políticos y administrativos”. Una propuesta que se traduciría en que los pasaportes y documentos de identidad recogieran la doble nacionalidad vasco-española para circular por el mundo y por España. Y lo mejor de todo, el costo de poner en marcha todo esto se descontaría descontará de la cantidad que abona el Ejecutivo de Vitoria a la Hacienda estatal. O sea, que lo íbamos a pagar el resto de los españoles.
Discusión renacida
O sea, que, en la más tenue de la propuesta, España se iba a convertir en un Estado Confederal con Euskadi, de momento. Pero ese discurso ha renacido, o mejor, nunca ha desaparecido. Claro que entonces todavía no se habían producido las manifestaciones del entonces secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, quien el martes 5 de septiembre de 2017, en un desayuno informativo, en presencia de 600 asombrados oyentes, recogido por la Agencia Europa Press, explicó su concepto de "nación de naciones" asegurando que, además de España, que es una nación, "no sólo un Estado", en términos históricos también tendría esta consideración "al menos" Cataluña, País Vasco y Galicia. El PSOE propone modernizar el modelo territorial de España.La idea de que España es una “nación de naciones” no es de Sánchez, ni de Zapatero, aunque la usen, sino que fue formulada, aunque luego se desdijo, en Barcelona por Felipe González. 
Lo curioso es que, a partir de la Declaración de Granada, de 2013, que fija la postura del PSOE ante la organización del Estado, se sugiere que otras comunidades como Valencia o Andalucía también aspiran a la consideración de realidades nacionales.
De manera harto contradictoria e incongruente (lo definido no puede entrar en la definición y no queda claro descontadas estas tres comunidades que es el resto), Sánchez argumentó que considerar a España como "nación de naciones" alegando que se trata de un planteamiento "constitucional", que además es coherente con el pensamiento histórico federalista del PSOE y ha alegado que hay que vivir con normalidad el hecho de que España "es un país complejo y plural, donde conviven múltiples realidades nacionales". Ya en su día, el socialista vasco Corcuera rebatió ese argumento en el sentido de que el PSOE, pese a su estructura como partido, no fue nunca partidario del Estado Federal, sino unitario, donde todos los ciudadanos y comunidades sean iguales.
Aproximándose claramente a articular España como una confederación de naciones, Sánchez decía que “España una realidad que es compleja en un mundo que acepta que la nación no se identifica únicamente con los límites de un Estado, sino que en un Estado pueden compartirse distintas identidades nacionales Aquellos que niegan que España sea una nación de naciones ¿que están diciendo que ser español es la única identidad posible en un país que se autodefine como nación española?". En todo caso, otorgaba a cada territorio la capacidad de definirse a su gusto (cosa que el Tribunal Constitucional corrigió en el caso de Cataluña, al considerarla nación cultura, pero no política ni jurídica).
Pero Sánchez concluyó “La nación no se identifica con los límites de un Estado, tampoco con la lengua, sino que con lo que se identifica es con una vocación, un sentimiento y una voluntad de ser nación. Tenemos que perfeccionar precisamente ese carácter plurinacional de este país". ¿Y cómo se hace eso, convirtiendo a España en una confederación?
La claridad de Prieto
Sánchez olvida la propia postura realmente histórica de su partido con respecto al federalismo. Cabe recordar a Prieto, uno de los socialistas que más se preocupó por el asunto y no era totalmente enemigo del autogobierno de las provincias vascongadas y Navarra, pero sí del separatismo. En 1931 se opuso al proyecto del llamado Estatuto de Estella, el proyecto del PNV y el carlismo que contemplaba un Concordato vasco, descalificándolo como un “Gibraltar del Vaticano”. Pero tras el rechazo de ese proyecto, por contravenir la Constitución, fue el redactor del decreto regulador del proceso de elaboración del Estatuto, que dio lugar al proyecto de las Comisiones Gestoras provinciales, aprobado en referéndum en 1933 y bloqueado por las derechas en las Cortes del segundo bienio republicano, el llamado “Bienio Negro”. Tras la victoria del Frente Popular en 1936, como presidente de la Comisión parlamentaria de Estatutos, actuó con tal eficacia que, fue aprobado el Estatuto Vasco el 1 de octubre de 1936, ya en plena guerra civil, lo que tuvo como consecuencia la formación del primer Gobierno vasco, de coalición PNV/Frente Popular, presidido por Aguirre. En los años 30, el nacionalismo no era hegemónico en Euskadi. La sociedad vasca de la época era plural política y culturalmente.  En ese tiempo, el PNV colisionaba con las izquierdas por diferencias políticas y religiosas notables.
Hacia la confederación
Con estos antecedentes, resultan preocupantes que Sánchez tenga en la mente dar un paso en orden a su concepción de España, aquí reflejada. Una confederación consiste en la unión permanente de estados soberanos que tienen una serie de fines de acción común. Por lo general nace por medio de pactos escritos, para luego poder establecer una serie de normas o leyes específicas que regulen y rijan este vínculo. Las confederaciones se forman por lo general para hacer frente a situaciones de índole mayor, como la defensa, las políticas migratorias, la creación de una moneda común, la lucha contra la pobreza, la integración social, etc.
Las limitaciones a la libertad de acción de los estados miembros pueden ser tan triviales como el reconocimiento de su deber de consultar entre sí antes de tomar alguna medida independiente o tan importante como la obligación de apegarse a las decisiones de la mayoría de los estados miembros. Los estados que lo conforman pueden negarse a aplicar algunas decisiones provenientes del órgano confederal.
Lo más curioso es que una confederación nace, en todo caso, para unir, no para separar.

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