Opinión

El Movimiento de Maestros, avanzada de la libertad

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El Movimiento de Maestros, avanzada de la libertad

Uno de los episodios más relevantes de la historia reciente de España, en cuanto a la lucha por las libertades en pleno franquismo se conmemora el día 18, a las ocho de la tarde en el auditorio del antiguo rectorado, en la calle Arenal, con la presentación del libro de Miguel Barros sobre el Movimiento de Maestros de Pontevedra.
En 1974, Franco vivo, los maestros de Pontevedra inician un movimiento democrático y asociativo que desmonta una de las corporaciones fascistas más característica, el SEM, o Servicio Español del Magisterio, institución del Movimiento Nacional, en el que estaban obligados a inscribirse o eran inscritos todos los maestros nacionales, quisieran o no, y que estaba presidido por un fascista en estado puro, José María Mendoza Guinea, y que contaba en cada provincia con un jerarca propio.
Un arriesgado grupo de maestros, encabezados por Juan Figueroa, Miguel Barros, Pedro Rivas y otros igualmente arriesgados, ponen en marcha un movimiento imparable y consiguen no sólo que sus reivindicaciones se extiendan, sino que con gran riesgo se van saliendo del SEM y abren un temprano debate, insisto, con Franco todavía celebrando el primero de mayo.
Me cupo el alto honor de ser cronista de aquel episodio en aquel tiempo en que yo era redactor de Radio Popular, y al mismo tiempo, corresponsal de diversos periódicos, pero sobre todo de la revista “Sábado Gráfico” y de la “Agencia Europa Press” que daba las noticias que la agencia oficial EFE ocultaba al país. El mismo día que muere Franco, yo publico en “Sábado Gráfico” (revista repetidamente secuestrada en aquellos tiempos) un amplio reportaje titulado “Los maestros se van del SEM”. Era la crónica final.
Los jerarcas del SEM y del Movimiento estaban desesperados, pues no se explicaban que las noticias sobre lo ocurrido en sus reuniones y el proceso de desmontaje de la repetida corporación fascista aparecieran en toda la prensa nacional e internacional, fechadas en Vigo. Eso se debe a que, entre Miguel Barros, Juan Figueroa, Rivas y yo funcionaba un eficiente canal de comunicación, de suerte que en pocos minutos yo transmitía al servicio nacional de “Europa Press” las noticias relativas a la rebelión de los maestros.
Supe años después que la Brigada Político Social, la PIDE de Franco, me tenía fichado como “rojillo moderado”, pero ya no podían meterme mano, aunque quisieran. Es más, gracias a unas amigas, telefonistas de Comisiones Obreras, estaban controlados los teléfonos de la Comisaría de Vigo, de modo que sabíamos lo que se conversaba sobre mí y otras personas. Pero como no hacía nada ilegal, sino dar noticias reales, para desesperación de la censura de la Delegación de Información y Turismo no podían pararme, pese a que lo intentaban y más de una vez me llamaba el propio delegado, un tal Landín, de Pontevedra para hacerme advertencias.
Así que, en parte, esta conmemoración es también mía. Tuve el honor de asistir a alguna de las asambleas del movimiento de maestros y cultivar la amistad de no pocos de sus miembros. Aquel clima de libertad y razonamiento siguen vivos en mi recuerdo. Es bueno que Miguel Barros, que siempre tuvo espíritu de sindicalista y socialista ético nos recuerde aquella historia. Es la historia de las vanguardias de los luchadores por la libertad que, en su caso, pagaron con suspensiones de empleo y sueldo la valentía de ir a la huelga, de manifestarse o de derribar de modo inteligente, no en vano eran maestros, uno de los pilares del régimen, del Movimiento Nacional.
Es importante que las nuevas generaciones conozcan la odisea de aquellos hombres y mujeres, hoy jubilados, pero no inactivos, que como docentes que era practicaron, a riesgo personal, la pedagogía de enseñarnos la democracia y la libertad.
A todos ellos, todos les debemos algo. Yo, desde luego, el honor de ser su cronista.

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