Opinión

Un triunfo de Sánchez, guste o no guste

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Un triunfo de Sánchez, guste o no guste

Que Pedro Sánchez es el político español que mejor se asoma al abismo para de inmediato ganar tierra firme ya no cabe duda. Nos coloca al borde del infarto con su acción atrevida, a veces imprudente, nunca, es la verdad, carente de valor. Lo ha demostrado una vez más en la 'cumbre' europea para el reparto de los fondos de reconstrucción, que España -y el Gobierno de Sánchez, claro- tanto necesitan.

No me encontrará usted entre los entusiastas de Pedro Sánchez; demasiado maniobrero, tiene algún problema con la verdad y con la garantía de la seguridad jurídica. Pero, con todas las reticencias, le digo a usted que me parece que en este cuarto de hora nadie salvo él puede liderar el Ejecutivo del Reino de España. Lo que viene a significar que nunca encontrará un momento como este, en el que ha salido bastante crecido de la dificilísima 'cumbre' europea, para poner a su Gobierno a punto para los combates de ajuste que vienen. Otro Gobierno. El de la meritocracia.

Sánchez no se puede permitir mucho más tiempo liderar un conjunto de ministros (y de vicepresidentes) que marchan a distintas velocidades, cuando no marchan por caminos contrapuestos, como en lo referente a la forma del Estado. Es más necesario que nunca un equipo compacto, naturalmente liderado por quien ganó las elecciones, pero sin repartos absurdos de poder a quien quedó en el cuarto lugar en el podio del 10 de noviembre, es decir, que ni medalla de bronce obtuvo.

Sánchez, en quien muchos no creían, y bastantes aún siguen en creer, es capaz de meter en un mismo equipo, aunque solamente en este momento fugaz, a los separatistas de Esquerra y a los centristas de Ciudadanos. Ahora le toca tender una mano unitaria a Pablo Casado para la reconstrucción de un país bastante devastado. Y a Casado le toca, creo, aceptar la mano tendida, reconociendo unos hechos que no tienen discusión: a Sánchez, una vez más, esta carambola le ha salido bien. Y no reconocerlo no puede sino evidenciar ceguera en quien lo niegue. ¿Sabrá aprovechar el presidente español este instante para intentar ser un estadista o seguiremos teniendo más de lo mismo?

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