El debate de no-investidura

El debate de no-investidura

Ahora ya sabemos la fecha del debate de investidura. Se celebrará el 22 y el 23 de julio. Lo que no sabemos es si habrá, o no, investidura. Y no creo que el éxito o el fracaso de ese debate, crucial para los intereses de todos nosotros, resida en los avances que Pedro Sánchez pueda hacer en una nueva ronda de consultas en los próximos días a los líderes de los otros partidos: hasta ahora, el presidente en funciones y seguramente próximo presidente -pero ¿cuándo?- se ha limitado a decir que el Gobierno del PSOE es el único posible y que, por tanto, los demás deben apoyar, así por las buenas, su 'Ejecutivo de progreso', sin contrapartidas.
Es decir: la cosa no reside tanto en que la oposición 'de la derecha' se abstenga o vote negativamente a la investidura de un Gobierno en solitario del PSOE, sino en la imaginación que el presidente en funciones prodigue -o no- a la hora de las ofertas de pactos. Algo habrá de ceder para que los demás puedan sucumbir a sus propias presiones internas y, a su vez, cedan. Hasta ahora, ni la presidencia del Congreso, ni la Comunidad de Madrid, ni Navarra, ni una compartimentación del poder central, ni siquiera un gesto de cariño: nada ha cedido Sánchez.
¿Tendrá un gesto ahora, cuando la sesión de investidura amenaza con convertirse en una sesión de no-investidura o, no sé si peor, en una investidura que puede desembocar en una nueva suerte de 'Gobierno Frankenstein', como lo que surgió de la moción de censura hace un año? ¿O, claro, en una repetición de elecciones en noviembre? No se ha distinguido el señor Sánchez por su generosidad, como Pablo Casado y Rivera no se han distinguido por la altura de su vuelo político en estos terrenos y como Pablo Iglesias sí se ha distinguido, en cambio, a la hora de mostrar sus ambiciones personales: o ministro o el caos.
Menudo espectáculo están dando. Estuve hace dos días en Santiago de Compostela y confirmé algo que ya había advertido en otros encuentros con gentes de diversas autonomías: que incluso entre dirigentes locales del PP (y no digamos de Ciudadanos, que en Galicia tiene poca entrada) abundan las opiniones favorables a que los partidos conservadores se abstengan, a cambio de condiciones, para evitar que Sánchez se eche en brazos de Podemos, de ERC, del PNV, de Bildu, quizá hasta en los del de Waterloo: ese sería un Ejecutivo que el propio Sánchez sabe que resultaría nocivo, inestable. Quién sabe cuánto duraría: ¿y los Presupuestos, esos que eran tan imprescindibles y que ya nadie recuerda? ¿Y la renovación en el Consejo del Poder Judicial, en los servicios secretos, en RTVE, en...?
Decía Macron, aludiendo al bloqueo en la UE a la hora de decidir el reparto de altos cargos, que "damos una imagen de Europa que no es seria". Y eso que en Europa, a la hora de seleccionar al 'Spintzenkandidaten', se hacen primar los pactos, bloqueados, eso sí, por impresentables como la Italia de Salvini y los países más 'ultras' del Este. Si la imagen europea, de la Europa que quisieran diseñar Macron, Merkel y el propio Sánchez, es, dice el jefe del Estado galo, poco seria, ¿cómo andará la imagen de España, que puede encaminarse hacia las cuartas elecciones, allá por noviembre si la investidura fracasa, en apenas cuatro años, cuatro años de insoportable crisis política, que está dejando nuestras muchas vergüenzas y carencias al aire?