Arrimadas ha empezado regular

Arrimadas ha empezado regular

Comprendo que la tentación de hacer campaña electoral en el exterior, acaparando fotos que son lo que los estrategas americanos (e Iván Redondo) llaman `photo opportunity` es grande: nada incita más a la confianza del voto que ver al líder propio rodeado de carismáticos `premiers` políticos europeos y/o americanos. Ahí, Pedro Sánchez lleva ventaja, porque tiene mayores posibilidades de fotografiarse con Merkel, o con otros reputados líderes extranjeros. Rivera, que es el otro gran favorecido por las encuestas, cita de lejos a Macron, que no acude al capote tanto como el dirigente de Ciudadanos quisiera; así que, para hacerse la foto en sepia -o en naranja--, Arrimadas se marcha a Waterloo a provocar a Puigdemont, que, sin moverse, tan solo abriendo la puerta de su residencia, gana la partida. Y eso sí que no, admirable y admirada lideresa `ciudadana`.
Casi todo vale en la política y en la guerra, pero no absolutamente todo. Y creo que Pedro Sánchez debería haber medido el alcance de sus manifestaciones (y de su libro, y...) al acudir a las tumbas de Azaña y Machado: él no ha inventado, contra lo que dice, el culto a los represaliados del franquismo que tuvieron que exiliarse para salvar sus vidas y sus mensajes. Antes que Sánchez, otros presidentes de gobierno, el propio Rey, acudieron a puntos del exterior, México por ejemplo, para rendir tributo a quienes, mereciéndolo todo, se quedaron apenas con el sufrimiento de tener que escapar para evitar el paredón, el hambre en la cárcel, el exilio interior.
Y lo mismo, o casi, digo de la fogosa Inés Arrimadas, una de las figuras más carismáticas que tenemos en el secarral político que habitamos, es decir, España. De nada, excepto para dar protagonismo al huido, sirve plantarse con una pancarta frente al domicilio-fortaleza-embajada de quien ha sido el segundo peor molt honorable president de la Generalitat de la Historia --el primer puesto ya lo ocupa, con méritos sobrados, el actual inquilino del palacio de la Plaza de Sant Jaume, Quim Torra--. Lo de la pancarta de este domingo fue, me parece, una provocación innecesaria, planteada en los dominios del provocado, que nada tenía que hacer, sino abrir las puertas del castillo y esperar a que entrase el `invasor` -que no entró, claro- para ganar por jaque mate.
Dejemos, por favor, de jugar con tumbas y con la diplomacia en el afán por arañar unos votos en busca de la difícil victoria el 28 de abril. O en las diversas y variadas elecciones de veintiocho días más tarde. De nada sirve, y ahora hablo también de Pablo Casado, atacar las posiciones del Gobierno de tu país en temas tan sensibles como Venezuela. Demasiado sabe el presidente del PP que, si él estuviese en La Moncloa, difícilmente podría actuar de manera diferente a como lo hace Sánchez con el pringoso chavismo. Y demasiado saben todos que, en lo tocante a la política exterior, el consenso es obligado entre las formaciones políticas de un país que se quiere `serio`. Lo que estamos haciendo, a este respecto, es simplemente suicida.
Mal hemos empezado la campaña, al menos desde el punto de vista de la ciudadanía. Con ocurrencias variadas en un patio en el que no caben juegos peligrosos. Un patio inmenso, que va de Bruselas -y Waterloo- a París, pasando por Colliure; de Caracas a Washington, recalando en Bogotá o en México DF. Y menos mal que a nadie se le ha ocurrido criticar a Borrell cuando dijo que España jamás apoyará una invasión armada de Venezuela. Que Trump, el eterno guerrero `de boquilla`, es personaje peligroso a quien solamente a la peor parte de Vox se le ocurre apoyar públicamente.
Las campañas electorales, como la ropa sucia, se lavan en casa. O así debería ser, aunque en esta ocasión hay unas elecciones europeas de por medio, lo que incita a procurar visitas extranjeras `de apoyo` a los mítines propios; unas visitas que siempre suelen ser oportunistas, interesadas y poco efectivas. No será, admirada y admirable señora Arrimadas, con una pancarta sustentada por una decena de personas con el billete pagado a la capital belga como ganará usted las elecciones. Ni tampoco, don Pedro Sánchez, se ganará llenando el Falcon de aplaudidores para que le acompañen a usted a limpiar el polvo de lápidas francesas que hace tiempo que deberían estar reposando en sus lugares de origen, todas en España.
Así, esta campaña, aún ni siquiera oficialmente iniciada, ha comenzado solamente regular, no solo para la dirigente de Ciudadanos en Cataluña, sino también para todos los demás, que somos los sujetos pasivos de todas las ocurrencias.