Opinión

Un líder artificial

Hay operaciones políticas cuya intencionalidad es tan evidente que casi resultan obscenas. La última que hemos conocido aspira a convertir en líder político a Íñigo Errejón (36 años), un personaje que se ha hecho un nombre en los platós de la televisión. Quienes le han animado a subir al centro del escenario han tomado la precaución de pasar de puntillas sobre sus pronunciamientos políticos de factura tardo comunista mezcladas con verbosidades chavistas. El Errejón que presentan es un joven del que se repite una y otra vez que contribuyó a la fundación de Podemos junto a su amigo Pablo Iglesias tras haberse doctorado y fogueado en algunos escraches en la Universidad Complutense. A Errejón le reciben con palmas determinados medios porque es un producto de márquetin diseñado para dividir al Podemos que no quiso pactar con el PSOE en los términos que pretendía Pedro Sánchez. Los mismos medios que jalean sin recato a Errejón concediéndole honores de portada hablando de Más País -un partido que todavía no existe- llegado el caso, si el experimento que promueven se salda en fracaso electoral, se olvidarán de él para siempre.
Algunas terminales mediáticas alientan la "operación" Errejón porque sí dicho experimento cuaja -cosa que está por ver- puede arrebatarle votos a Unidas Podemos. Una cuña de la misma madera de la que por otra parte se sabe que su programa económico y sus propuestas fiscales son las mismas de Podemos. También sabemos -por boca del propio Errejón en recientes declaraciones- que en relación con la crisis catalana reduce el problema separatista a la necesidad de tender puentes. Puentes que en su decir "no se hacen con sentencias". Toda una declaración de intenciones en puertas de que se conozcan las sentencias del Tribunal Supremo a los políticos juzgados según la calificación del fiscal del caso por un intento de Golpe de Estado institucional. Sorprende, ya digo, la insólita benevolencia con la que algunos medios tratan a un personaje que tras haber sido elegido diputado autonómico y asegurar que se iba a dedicar en cuerpo y alma a defender los intereses de los madrileños en la Asamblea regional, apenas tres meses después deja tirados a sus votantes para saltar al ruedo de la política nacional. Si esto es la proclamada "nueva política" quizá habría que concluir que no estaba tan mal la vieja, la que Pablo Iglesias y el propio Errejón cuando estaba en Podemos bautizaron como la "casta".

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