El viejo topo

Los independentistas deben retrasar el referéndum 10,15 años, hasta que no haya un cambio de mentalidad en la opinión pública española. Según Miquel Iceta, secretario general del PSC, sería el tiempo necesario para que el 65% de la población catalana fuera partidaria de la independencia. Mientras tanto -según su parecer- "los partidos políticos españoles deberían proporcionar mayor auto gobierno y una financiación mejor a Cataluña".
No es una noticia falsa. Ni tampoco un secreto para quienes conocen bien las peculiaridades de la política catalana. En Cataluña, el PSC juega la liga con parecidos colores a los de los separatistas y lo que ha dicho Iceta en voz alta tiene antecedentes y encuentra eco en declaraciones de otros dirigentes de este partido que, conviene recordarlo, fue el principal apoyo de Pedro Sánchez cuando el hoy Presidente del Gobierno fue apeado de la secretaría general del PSOE por presión de los barones regionales que recelaban de que pudiera pactar con los independentistas.
Iceta le apoyó entonces y sigue apoyándole ahora y no es descartable que en esta ocasión haya actuado como el mensajero de una futura agenda política. Una hoja de ruta que podría hacerse realidad a cambio de que los partidos que impulsan la causa rupturista apoyaran a Pedro Sánchez para seguir en La Moncloa tras las elecciones del 28 de abril. Saltando por encima de la Constitución (Artículo 2), Iceta les dice a los separatistas que la independencia es posible pero que necesitan ser pacientes. Pacientes pero no ociosos.
Es la recomendación del "viejo topo". La metáfora que desde Hegel a Marx gozó de mucho crédito en los discursos de la izquierda como símbolo de un tipo de resistencia obstinada y subterránea. Una estrategia a largo plazo que va minando el subsuelo de las convicciones hasta irrumpir con fuerza en determinados momentos de la Historia. "El viejo topo" era una expresión muy del gusto de quienes se reclamaban trotskistas y mantenían la creencia de que a largo plazo, minando el sistema, algún día podrían acabar con el orden capitalista. Lo patético es que las esperanzas que crea Iceta, caso de tener recorrido, estarían al servicio de la casta separatista. Una creación de la burguesía pujolista. Lo más reaccionario del país. Llegados a este punto Pedro Sánchez debería decirnos sí está con Iceta o con la Constitución Española.