Opinión

El último minuto

Es opinión dominante que el rechazo de Pedro Sánchez a la exigencia de Pablo Iglesias para apoyar la investidura al precio de formar un gobierno de coalición entre PSOE y Podemos conduce a una nueva convocatoria de elecciones. El tiempo de verano que Sánchez desde La Moncloa ha dejado transcurrir desdeñando la posibilidad de negociar mano a mano con Iglesias arroja luz acerca de los planes del presidente. Todo, ya digo, conduce al pronosticado desenlace de la vuelta a las urnas. Incluso tiene fecha: el 10 de noviembre.
Pero todavía no hemos llegado a ése punto a juzgar por el tono y las palabras de Pablo Iglesias en el primer debate que hemos tenido en el Congreso tras meses de sesteo parlamentario. Estuvo en modo franciscano. Un observador recién llegado y por lo tanto ignorante de la trayectoria de Iglesias y de la ideología de Podemos, habría dicho que ante la buenísima disposición del líder morado ofreciendo la colaboración de su partido para sacar adelanta la investidura no había razones capaces de explicar el rechazo de Sánchez. Y tendría razón porque el Iglesias que venimos escuchando en las últimas semanas no es el de siempre. Se ha transformado. En el mes de julio consideraba que el PSOE les estaba humillando porque Sánchez "solo" les ofrecía una vicepresidencia y tres ministerios. Dos meses después firmaría con los ojos cerrados si se repitiera aquella oferta. ¿Qué ha cambiado para explicar un cambio tan radical? Varias cosas. La primera de todas es que Sánchez hizo aquella propuesta de manera un tanto precipitada. Algunas de las personas con las que habló en los días posteriores analizando el complicado recorrido que habría tenido un Ejecutivo de coalición con dos jefes de dos partidos políticos diferentes dentro parece que le convenció de que semejante proyecto llevaba en su seno el germen del conflicto. De ahí partió el veto a que Iglesias pudiera ser vicepresidente. Cuando Iglesias anunció que daba un paso al lado, pero manteniendo Podemos la exigencia de carteras ministeriales, pasaron algunos días al cabo de los cuales por boca de Carmen Calvo supimos que la oferta se reducía a la posibilidad de acceder a segundos niveles de la Administración del Estado. Cuando Podemos rechazó esa posibilidad Sánchez respiró.
Y en eso estamos: o apoyo por afinidad de programas pero sin contrapartidas o vamos a de cabeza a las elecciones. Ahí es donde Pablo Iglesias entra en pánico. Sabe lo que dicen las encuestas. Todas pronostican que Podemos que viene de sufrir dos sonoros batacazos sigue a la baja. Por eso, sólo por eso, para evitar la repetición de las elecciones no habría que descartar que en el último minuto Podemos apoye la investidura de Pedro Sánchez. Pronto saldremos de dudas.

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