Julio machista

Cuarenta es el número redondo de las mujeres asesinadas por sus parejas, novios, maridos, amantes, 40 en ocho meses. Nada en común entre ellas: desde Jaén a Madrid,  desde Cantabria a Valencia. 
La cifra supone 12 víctimas más que en agosto del 2018. 
Las hay de edades diversas, la mayoría entre los 40 y los 50 años, seguidas de las jóvenes de entre 20 y 30, pero tampoco faltan las mayores. 
Tan diversas como sus asesinos: españoles, extranjeros, mayores o jóvenes. Los hay que se suicidan después de matar a su pareja, los que lo intentan pero no lo consiguen o no quieren conseguirlo, los que no lo intentan y tratan de huir, los que directamente llaman ellos mismos a la policía y confiesan, los que parecen haber perdido el juicio y los que son plenamente conscientes de lo que hacen.
Desde hace años tenemos la impresión de que el verano es el momento álgido. ¿Es una sensación o es que el parón informativo hace que los medios suban a primera cada asesinato?
Busco estudios que expliquen, que corroboren esta sensación. Como en casi todos los informes sobre la materia, las conclusiones son relativas.
 De las estadísticas, dicen los expertos, no se puede deducir que el verano  provoque un incremento del número de crímenes. Sin embargo sí se destaca que desde hace ya años julio es el mes de más violencia: nueve muertes este año, diez si contamos al pequeño de 11 años a quien su padre mató para vengarse de su madre. 
Tampoco se puede concluir que esta concentración de crímenes machistas  sea producto del  “efecto llamada” que se produce cuando los medios informan sobre un crimen. No parece que los estudios sean concluyentes para establecer patrones, ni para las víctimas, ni para los maltratadores, tampoco para las situaciones en las que se producen las agresiones. Lamentablemente los algoritmos en materia de violencia de género no funcionan. 
En el 2017 el catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Oviedo Javier Fernández Teruelo realizó un informe sobre el sistema de protección, predicción y prevención de feminicidios.
 Me llamaron la atención las conclusiones de su trabajo: 
 «Pese a todas las medidas adoptadas frente a la violencia de género, el número anual de feminicidios de pareja no se ha reducido de forma significativa en España. En tal sentido, se constata la evidente ineficacia de la amenaza penal frente a los autores del hecho. Del mismo modo, se constata el papel de la decisión de ruptura de la relación como factor del máximo riesgo y la escasa eficacia de los sistemas policiales de predicción de feminicidios. Por último, se analiza el escaso sentido que tiene hacer depender el funcionamiento del sistema de protección de la previa presentación de denuncia, cuando en la práctica el porcentaje de denuncias es muy reducido».
Esto lo afirmó hace dos años. Me temo que la situación de hoy no es mucho mejor. Y eso que tenemos un Pacto de Estado.