Opinión

TRIUNFOS INCOMPLETOS

Las elecciones autonómicas del domingo han deparado resultados que no pueden satisfacer a nadie, aunque por insospechados, en el caso de los que se han producido en Andalucía deberían ser objeto de una reflexión por parte del partido el Partido Popular e interpretados como un serio aviso que el presidente Rajoy y su Gobierno harían bien en interiorizar y valorar en su justa medida. La conclusión más simple y directa de ambas citas con las urnas es que nadie ha ganado en ellas ni puede considerarse enteramente satisfecho, aunque es evidente que quien sale más perjudicado en ambas convocatorias es el Partido Popular porque su victoria en Andalucía es insuficiente para gobernar y no avanza en Asturias, donde se verá abocado a pactar si quiere participar en su gobierno. En esta misma demarcación, se registra también un apreciable fracaso del partido que lidera Álvarez Cascos, con notorio retroceso en comparación con los anteriores comicios mientras el PSOE vence pero no logra la mayoría y podría quedarse fuera si el centro derecha comprende por fin en esta ocasión la necesidad de entenderse.


Sin embargo, el resultado que adquiere más trascendencia en esta jornada de domingo es el que ha deparado Andalucía donde unas encuestas que han vuelto a fallar de plano pronosticaban un triunfo arrollador de los populares a los que se otorgaban escaños suficientes para gobernar en solitario. No ha sido así, y un PSOE a la baja y desahuciado por los sondeos, registra una pérdida incuestionable en votos y escaños, pero podrá seguir ostentando el Gobierno mediante el pacto con una triunfal Izquierda Unida que dobla el número de sus diputados y está en disposición de establecer un buen catálogo de exigencias. En definitiva, ninguno gana, el PP no logra sus objetivos y el PSOE, visto lo visto, respira y se da por contento, tras salir beneficiado de rebote pese al castigo de los electores en Andalucia.


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