Opinión

El tijeretazo catalán

Dos días escasos ha esperado el presidente de la Generalitat, Artur Mas, para hacer público un paquete de medidas muy severas destinadas a equilibrar el precario estado financiero de la comunidad que gobierna. Amparado en los buenos resultados obtenidos el pasado día 20, el Gobierno catalán adopta un conjunto de medidas que afectan especialmente al colectivo de funcionarios y a la práctica de la sanidad pública. En el primero de los casos, se aplica la tijera en la poda de salarios y pagas extraordinarias de los empleos oficiales, mientras que el segundo ámbito de actuación refleja la práctica del copago pobremente disimulado bajo el apelativo de “ticket moderador”, un modo de disimular lo que es evidente para todos. Desgraciadamente, ni Mas ni su equipo han tenido la valentía de entrar a saco en el catálogo de subvenciones inexplicables que han sembrado la política catalana en defensa del llamado hecho diferencial y que siguen costando un disparate, ni se supone van a sufrir menoscabo alguno las llamadas “embajadas” que la Generalitat posee en el extranjero sin que exista razón para mantenerlas operativas. Los gobiernos regionales, y el de Cataluña lo es, no tienen competencia alguna en materia de política exterior y, por tanto estas oficinas están de más. Mientras las embajadas siguen, la situación de sus hospitales es cada vez más precaria y más necesitada de un respaldo oficial y muchos de los centros están al borde de la clausura.

Para tratar de explicar la adopción de estas decisiones, Mas ha echado mano de un argumento manido, y proclama que sí se hubiera coronado el pacto fiscal Cataluña no tendría por qué apelar a estos hechos. Pero además, ha lanzado un mensaje a Rajoy. “Ayúdanos y te ayudaremos”. Una seña de futuro que desea marcar a Rajoy el camino a seguir.

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