Opinión

TÉCNICAS DE MAQUILLAJE

La afición de Abel Caballero por adjudicarse logros que no le corresponden ha crecido exponencialmente en sintonía con la cómoda situación con la que le ha ido regalando el BNG en su cada vez más permisiva política de colaboración total a cambio de nada que pueda suponerse. Parece lícito sospechar que el envidiable estado de confort con el que el partido nacionalista ha tenido a bien obsequiar al alcalde en minoría debe constar de contraprestaciones, porque de no ser así, no puede explicarse una subordinación tan inútil y gratuita como la que campea hoy en un Ayuntamiento en el que, a pesar de los resultados que han otorgado las urnas, reina a todos los efectos el sistema que caracteriza a una mayoría absoluta.


El BNG, que en su día advirtió que se apartaba de un posible pacto de Gobierno y adoptaba un papel fiscalizador que le mantendría en una oposición alerta y vigilante, se ha convertido un año después y sin necesidad de que así fuera, en un socio entregado y pasivo que nada exige ni fiscaliza, y que todo lo permite maquillando esa pasividad culpable con ciertos arranques para la galería como el que acaba de protagonizar hace apenas dos días que le sirve para regatear la crítica popular y acallar su propia e inquieta conciencia. Tres concejales justos y eficientes bastan para desarrollar una tarea de vigilia que es imprescindible y recordarle al Alcalde que su mayoría es ficticia y no puede comportarse como si la tuviera.


Sin embargo no hay en la actuación nacionalista más que vano discurso y puro artificio. Con Caballero presentando sus hazañas anuales apelando a estética de festival cinematográfico, los restos del BNG no aspiran más que a servirle de humilde compañía. Y la triste realidad es que están para lo que el alcalde guste mandar.


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