Opinión

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A pesar del difícil clima económico y social del que es víctima Vigo, a quien la crisis está golpeando con gran dureza, la capacidad de creación y la voluntad de aquellos que lo habitan produce destellos inspirados que demuestran la fortaleza, la personalidad y la dimensión profesional y humana de sus habitantes. Nunca a lo largo de su fecunda historia Vigo se ha rendido a pesar de muchos difíciles periodos y, en este caso, tampoco va a tirar la toalla. Muy al contrario y como contrapeso a un insistente goteo de noticias sombrías, la ciudad, gran parte de sus instituciones y, sobre todo, su genio individual y colectivo ensancha el panorama y abre puertas a la esperanza con actuaciones memorables como la que acaba de protagonizar su Universidad convirtiéndose en la primera de España que ha puesto en el espacio un satélite fruto de su propia tarea. La hazaña, que convierte el campus vigués en un referente de extraordinaria dimensión en el ámbito científico nacional, ha sido posible gracias a la fuerza de voluntad y el trabajo de una generación joven, valiente y formada, capaz de llevar a cabo un trabajo de alto nivel del que son protagonistas sesenta alumnos y treinta y dos investigadores que hoy monopolizan con su presencia todos los informativos del país en consonancia con la calidad de su extraordinario logro. Se trata de un equipo con el que hay que compartir la alegría, el orgullo y el placer del triunfo porque éste es un triunfo de un sorprendente proyecto, es el triunfo de su Universidad y es el triunfo de Vigo y los vigueses. Si a ello añadimos que una empresa radicada en Mos ha puesto en el mercado los primeros coches eléctricos demostrando lo que vale la industria de esta zona y lo que puede progresar en el futuro podemos concluir que no todo está perdido. Hay mimbres para tejerlo.

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