Opinión

EL PUERTO DESPRECIADO

La situación en la que una cadena de errores y omisiones de carácter político y administrativo han condenado al Puerto de Vigo es suficientemente grave y necesitada de una reflexión profunda como para que los damnificados por este desastre, es decir la población de Vigo y su amplia zona de influencia, puedan exigir a los responsables de este desaguisado una respuesta coherente y suficientemente ilustrativa. El Puerto se ha quedado fuera del contexto europeo a consecuencia de una gestión errónea, descuidada y negligente que es atribuible por completo al Gobierno anterior y que correspondía haber desarrollado con acierto al ex ministro José Blanco, precisamente un ministro gallego encargado por ello y por otros factores más de defender con voluntad y acierto los intereses de la ciudad y su Puerto sin cometer arbitrariedad alguna. No ha sido así en este caso, y su heredera la ministra Ana Pastor, que lo es para lo bueno y para lo malo, habrá de cargar con la difícil tarea no sólo de otorgarle continuidad a los planes ya comprometidos por el ministro saliente, sino lo que es más ingrato, enmendar los errores de su antecesor que en el caso de Vigo y su Puerto son muchos, muy continuados y de una influencia esencial en el desarrollo de la economía de la zona. En este caso, y cuando Vigo se queda fuera de todos los planes y tratamientos que otorga la Unión Europea, la situación se manifiesta irreversible por muchos que hayan sido los esfuerzos del nuevo Gobierno por enmendar un escenario que no puede ser modificado.


Estamos pues ante un escenario no ya injusto que lo es y que distingue puertos muy inferiores al de Vigo en detrimento del nuestro, sino ante una gestión lamentable que nos ha perjudicado en extremo y de cuyo naufragio hay responsables. Todos ellos han desaparecido del contexto político pero el mal se queda.

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