Opinión

PROVIGO, LA MUERTE ANUNCIADA

Desde hace meses la suerte de la Fundación Provigo estaba echada y su destino estaba escrito en un ámbito que se ha ido cerrando para la institución sin que ninguno de aquellos que transmitía el engañoso mensaje de una supuesta continuidad haya ejercido honestamente en su favor. La Fundación, una herramienta que bien aprovechada y con capacidad de decisión necesarias podría haber desarrollado un importante papel en la planificación del futuro de la ciudad y su comarca, ha acabado sobreviviendo de modo artificial en esta última y calamitosa etapa de su existencia. Si nadie lo remedia, en junio cerrará sus puertas y bueno es suponer que para desarrollar el inútil papel que estaba asumiendo en este tramo final, lo más razonable y más digno era aplicarle el cerrojazo definitivo. Pero con él, se libera también y de forma obligada la necesidad de exigir a todos aquellos que no han sabido defenderla, una explicación satisfactoria.


Porque, a este paso, la Fundación Provigo se morirá sobre todo por la actitud adoptada por el Alcalde, que ha visto en ella un enemigo y ha preferido matarla antes que ceder su dominio. Pero también ha muerto porque aquellas instituciones, asociaciones, empresas y empresarios que pertenecían a ella plantearon una cadena de deserciones que en nada ha contribuido a salvarla. Si los que la necesitan abandonan el barco, difícil resulta tratar de convencer a los demás de que valía la pena apostar por ella y hacer un esfuerzo para garantizar su supervivencia. Por tanto, entre todos la mataron y ella sola se murió. La ciudad perderá así un instrumento que le podría haber resultado muy útil y Abel Caballero coloca otra muesca más en la culata del arma que está utilizando para cargarse todo aquello que no le agrada o de lo que desconfía. Lleva camino de batir todos los récords.


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